Lo de Iguala, un crimen de Estado; nos indigna que nos hagan pasar por sicarios

Lo de Iguala, un crimen de Estado; nos indigna que nos hagan pasar por sicarios

  • Normalistas de Ayotzinapa afirman que la versión de Murillo es una mentira aberrante
  • Quieren cerrar el caso para que ni la Policía Federal ni el Ejército resulten culpables, señalan

  • Carlos Tlatempla y José García, estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, iniciaron en Monterrey una agenda nacional para informar a la sociedad sobre su movimiento.
  • Foto. Cortesía Sanjuana Martínez y La Jornada.

Sanjuana Martínez

Especial para La Jornada/010215.

Carlos Tlatempla y José García, estudiantes de la (Escuela) Normal Rural ‘Raúl Isidro Burgos’ de Ayotzinapa, Guerrero, iniciaron en Monterrey una agenda nacional para informar a la sociedad sobre las características de su movimiento, frente a lo que llaman una campaña de desprestigio y desinformación del gobierno contra ellos y sus 43 compañeros que aún consideran desaparecidos.

Ambos viajaron por primera vez en avión. Los nervios a lo desconocido, el vértigo del despegue y la caída libre del aterrizaje provocaron nuevas experiencias en ellos y también el entusiasmo de iniciar una nueva etapa de su movimiento. Dice José García, originario de Acapulco y estudiante de tercer año;

«Queremos dar información sobre el caso Ayotzinapa a esacala nacional, para que la gente conozca la verdad y esté pendiente de lo que pasa en Guerrero. La versión del procurador general, Jesús Murillo Karam, no es más que una mentira histórica, algo aberrante, nefasto, estúpido. El gobierno federal quiere dar carpetazo y ya puso a sus ‘halcones’ a decir mentiras. Estamos indignados y llenos de coraje”. 

García y Tlatempla asistieron a reuniones con la asociación civil ‘Tierra y Libertad’, dedicada a gestionar proyectos sociales, políticos y culturales, con la finalidad de defender los derechos humanos de los sectores más vulnerables e impulsar el desarrollo en una de las zonas más pobres de Monterrey.

Una manta con la imagen de Julio César Mondragón, el joven estudiante de Ayotzinapa a quien le arrancaron los ojos y desollaron el rostro, ofrece la bienvenida:

«Malditos asesinos: Estado mexicano narco-capitalista. Creación por ley de milicias populares».

Los estudiantes de Ayotzinapa han empezado a hermanar su movimiento con la lucha de otros grupos de la sociedad, explotados y oprimidos por el capital, como obreros, campesinos e indígenas. 

En esta zona de Monterrey se ha recibido con absoluta indignación la supuesta verdad histórica del procurador Murillo Karam. Ellos limitan el caso al fuero común para hacer ver que no tuvo nada que ver el Estado. Sobre todo, buscan dejar sin mancha la columna vertebral del Estado mexicano: «el Ejército, permanente responsable por omisión y complicidad de este salvaje multihomicidio», dice el boletín entregado a la gente en el acto.

El doctor Héctor Camero Haro, líder histórico de ‘Tierra y Libertad’, con más de 45 años de lucha por los derechos de los sin tierra y las garantías laborales de los obreros, usa un chaleco naranja con el lema ‘Servir al pueblo’. Él puntualiza el mensaje de recibimiento a los normalistas;

«Les expresamos nuestra solidaridad. En el Movimiento Ayotzinapa convergen muchas inconformidades e injusticias, toda la sangre que le deben al pueblo mexicano. Ayotzinapa es una continuación de los crímenes que el Estado mexicano nunca purgó ni pagó: Tlatelolco, Acteal, Atenco, Aguas Blancas… toda esa sangre está convergiendo ahora en este enorme pantano de impunidad. El carpetazo del procurador Jesús Murillo Karam es un absurdo. Esa es la versión oficial, no la verdad que el pueblo exige. Los dan por muertos, pero no reconocen que ellos los mataron».

Añade asimismo; 

«En el caso Ayotzinapa, la Procuraduría General de la República (PGR) no ha atendido todas las líneas de investigación, comenzando con la responsabilidad del Ejército mexicano; una vez más, como en Tlatelolco está presente en Ayotzinapa. Y otra vez le dan carpetazo porque el Ejército es su soporte y prefieren no pedirle cuentas. Se deben una lealtad mutua, no con el pueblo».

El normalista Carlos Tlatempla se define como pobre, hijo de campesino y cursa el primer año de magisterio en Ayotzinapa. Señala; 

«Estamos viviendo una pesadilla interminable, tal parece que nunca vamos a despertar. Esperamos ver la luz del día».

Comenta que el informe de la PGR era previsible; 

«Ya se veía venir, sabíamos que tarde o temprano Murillo Karam daría carpetazo. Uno a otro se están cubriendo. Quieren cerrar el caso cuanto antes para que ni la Policía Federal ni el Ejército resulten culpables. Tenemos la certeza de que es un crimen de Estado».

Tlatempa acusa que el gobierno los está criminalizando, haciéndolos pasar por sicarios; 

«Es para deslindarse de sus responsabilidades y de los delitos que han cometido. Es una táctica muy clara para hacerle creer a la sociedad que somos malos, por medio de las televisoras manipuladas que apoyan al presidente». 

A continuación narra su experiencia sobre aquella fatídica noche del 26 de septiembre cuando salvó la vida de milagro, luego de que la policía requisó el autobús donde iba. Les dijo un agente; 

«¡Bájense hijos de su puta madre, los vamos a matar!».

«Salimos corriendo. Y empezó el caos. Gritamos, pero la gente cerraba las puertas de sus casas. Por eso nos subimos al cerro. Estaba lloviendo. Nosotros vimos el aguacero, por tanto, era imposible haber quemado a nuestros compañeros en una noche así. Científicamente ya se comprobó que es mentira la versión oficial del basurero de Cocula».

Los estudiantes explican los errores de la versión oficial de la PGR sobre el caso e insisten en la participación del Ejército en el crimen de Ayotzinapa y en la del ex gobernador Ángel Aguirre, en cuya administración fueron asesinados y desaparecidos más normalistas.

José García habla; 

«¿Por qué el gobierno no quiere investigar al Ejército? Es obvio. Porque el Estado tiene mucho que ver en todo lo que pasó. Si el procurador Murillo Karam no quiere abrir esa línea de investigación, está muy claro que fue el Ejército, porque seguramente están coludidos con el narcotráfico».

El video presentado por la PGR es criticado duramente por los normalistas, particularmente porque en la versión oficial se inventaron algunos apodos a los estudiantes, como el del llamado ‘Patilludo’, todo con la intención de criminalizarlos.

«Es absolutamente falso. Murillo Karam le inventó un apodo de mala fe, porque no tiene nada que ver. Lo quiere hacer pasar como sicario. Él tiene otro apodo dentro de la escuela, que se lo pusimos porque a su hermano mayor le dicen ‘Botas’ y a él le decíamos ‘El Botitas’. Esa conferencia de prensa, en realidad fue un teatro bien hecho por el gobierno federal para callar la protesta. Todas esas mentiras son parte de un plan».

José García es originario de Acapulco y reconoce que la mayoría de los normalistas tienen apodo, pero obedece a una razón muy distinta;

«Siempre hemos vivido en un ambiente de desesperación ante las movilizaciones, y el motivo de los apodos es por propia seguridad del estudiante. Por ejemplo, en una manifestación no vamos a gritarle por su nombre a los compañeros, cuando sabemos que el Estado nos anda buscando para reprimirnos, porque su objetivo es cerrar las normales rurales».

Añade;

«Lo más indignante y lo que nos llena de coraje, es que hagan pasar por sicarios a nuestros compañeros. A ellos, en el expediente de Murillo Karam, se les señala porque dicen que fueron confundidos como parte del crimen organizado, cuando es mentira; nosotros conocemos a nuestros compañeros, sabemos de dónde vienen».

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Nota mía: Respetuosamente me permití modificar levemente la estructura de la nota de Sanjuana Martínez, con la exclusiva finalidad de facilitar su lectura en el formato de Odiseo. Alfredo Macías Narro.

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