Ayotzinapa, un proyecto educativo libertario

Artículo publicado en la página web de Radio Villa Francia el 6 de octubre de 2014 y firmado por Joaquín Hernández. El video que acompaña el artículo fue producido en junio de 2012 por la organización Tlachinollan Centro de Derechos Humanos de la Montaña, según se puede apreciar hacia el final del mismo. Lo que sigue es un fragmento del artículo de esta publicación chilena.

La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa es un modelo de educación popular, autogestionada, horizontal y consciente que es digna de admirar. Tiene sus orígenes en un proyecto gubernamental de Lázaro Cárdenas en los años 20 del siglo pasado, que tenía como finalidad masificar la educación mediante la creación de escuelas normales que permitieran formar profesores rurales. Es así que en 1926 se funda Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos (que es su nombre oficial), la cual se ha mantenido, a pesar de una serie de hechos y procesos históricos de por medio, en un verdadero gesto de resistencia hasta el día de hoy.

Constantemente atacada por el abierto carácter combativo y los altos niveles de conciencia política de sus estudiantes, la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa ha tenido que enfrentar tanto la represión como la indiferencia de las autoridades. De la segunda forma de agresión, llevada a cabo principalmente negando el financiamiento, es que los estudiantes normalistas han desarrollado formas de autogestión, en donde ellos son protagonistas de la obtención de fondos para los gastos de la escuela y manutención personal. Siembran, cosechan y crían animales para poder financiarse, así como también realizan colectas con los mismos fines.

También, y en ese mismo sentido, anualmente realizan un pliego a las autoridades en donde normalmente se exige mejoras académicas (ej. más profesores) como un mejor financiamiento desde el estado (que es mínimo).

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Una ética y una práxis política

 

Sin embargo, lo más interesante en este proyecto que es la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa es que hay un discurso político que se pone en práctica día a día. Existe fraternidad y horizontalidad entre los integrantes. Del mismo modo se buscan formar como profesores no tan solo como una forma de mejoramiento profesional individual, sino principalmente como una forma de contribuir a la transformación de la sociedad en la que viven. Es por ello que definen su educación como una forma de educación popular (que desafía al poder y a la estructura económica imperante), en donde además participan activamente en la gestión y en el proceso educativo.

Del mismo modo, alternan la formación pedagógica con la formación política, pues ellos se ven y se proyectan como agentes de cambio, y a su escuela como germen de un proyecto revolucionario. Formación política que sin embargo es principalmente canalizada en la práxis, en llevar a cabo una forma de relacionarse y de realizar las distintas tareas.

Mas allá de los murales y las múltiples consignas que pueblan la escuela, lo más revolucionario, lo más subversivo que se puede apreciar es como ellos mismos llevan a cabo sus vidas, la gestión de su espacio y la formación tanto personal como profesional, destinados a crear un mundo nuevo y un hombre nuevo.

La constante represión

 

Por todo lo mencionado anteriormente, es que no nos ha de extrañar que el Estado y el narco vean a esta escuela como un enemigo natural y como un espacio completamente incómodo a sus propósitos. Esto se lo han hecho saber repetidas veces, con intentos de desalojo, represión y hasta la desaparición de estudiantes.

Antes del 26 de septiembre del 2014, la represión más grande que sufrieron los normalistas de Ayotzinapa ocurrió el 12 de diciembre del 2011, cuando los estudiantes se movilizaron por sus demandas cortando la Autopista del Sol, siendo atacados tanto por la policía estatal como federal, quienes asesinaron a tres normalistas y dejaron a varios heridos durante esa negra jornada.

De este modo, es que se entiende que lo ocurrido recientemente no se trata de un hecho excepcional ni de una desgracia fortuita. Es parte de un historial de represión y violencia contra un proyecto transformador que amenaza las bases del poder establecido (tanto del Estado como de los narcos), puesto que presenta una nueva forma de organizar la sociedad, una ética distinta que no privilegia el individualismo o el éxito personal, y que no está dispuesta a someterse a nadie, puesto que todo lo han ido construyendo con sus propias manos.

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