En la UPN no hay una «hiperélite», responden académicos a Concheiro

UPN Ajusco
Fotografía tomada de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Universidad_Pedag%C3%B3gica_Nacional_(M%C3%A9xico)#/media/Archivo:UPN_Ajusco_entrada_principal.JPG

(N. de la R.) Académicos e investigadores de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco y las unidades de la Ciudad de México, respondieron en una carta publicada en Insurgencia Magisterial a las declaraciones del subsecretario de educación superior, Dr. Luciano Concheiro, en Tlaxcala, donde afirmó que en educación superior existe un sistma de castas y una «hiperélite» que marca desigualdades; en la misma declaración, Concheiro afirmó que habría que cancelar estímulos para investigadores y «discutir a fondo todo».
Los académicos de la UPN han contestado que la existencia de tal «hiperélite» es el signo de un problema mayor. En esta universidad las percepciones y prestaciones no son comparables con los que se reciben en otras instituciones de educación, además que no se han modificado en los últimos años.
No existe, aseguran, un apoyo constante a la investigación y difusión del conocimiento generado en esta universidad y sí hay por el contrario una tendencia a la autofinanciación de los mismos profesores investigadores.
Denuncian el origen perverso de los estímulos a la docencia y la investigación que finalmente terminaron convirtiéndose en un mecanismo de acentuaron las desiguadades y disfrazaron el problema real: la pérdida del poder adquisitivo del salario del 70% de docentes e investigadores de la UPN Ajusco.


RESPUESTA AL SUBSECRETARIO DE EDUCACIÓN SUPERIOR.  Una contribución inicial al debate de transformación

El 11 de junio, El Financiero publicó una nota informando sobre la participación del subsecretario de educación superior, Dr. Luciano Concheiro, en un coloquio de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, con la ponencia “La educación superior en la agenda del gobierno del Lic. Andrés Manuel López Obrador”.

La reseña destaca la existencia de un sistema de castas en las universidades y de una “hiperélite que marca desigualdades”; propone que las investigaciones deben tener impacto en las comunidades, una revolución de las conciencias que le gane a la hiperélite, cancelar estímulos para investigadores y “discutir a fondo todo”.

En ese ánimo de discutirlo todo y a fondo para generar las necesarias transformaciones en las instituciones de educación superior, queremos hacer algunos comentarios a lo expresado por el subsecretario, principalmente por sus referencias explícitas a la Universidad Pedagógica Nacional, en nuestro caso, la unidad Ajusco.

  1. La existencia de un sistema de castas es el resultado de un largo proceso de diferenciación de ingresos en profesores-investigadores. Es, apenas, el signo de un problema; no hay que confundirlo con el problema. Esta es la mayor dificultad para entender la política de educación superior: ¿todo se refiere a la desigualdad de ingresos? Si no es así, ¿entonces cuál es el diagnóstico completo y más aún, las estrategias de atención? La focalización en la desigualdad no es casual, menos aun cuando ésta no se explica y solo se atienden sus efectos más llamativos.
  2. La retórica de la casta-pueblo está suficientemente cargada como para agregarle más indeterminaciones; frente a esa estrategia discursiva, los diagnósticos siempre deben ser precisos y situados. Por ejemplo, la referencia implícita a la existencia de una hiperélite en la UPN es del todo desacertada. Ningún profesor-investigador, con doctorado, 40 años de experiencia, SNI, estímulos al máximo nivel y demás becas se acercaría -por mucho- a los ingresos netos del subsecretario en su función actual, ¡que son apenas el 50% de sus ingresos netos como investigador de la hiperélite![1] Desde esta perspectiva los y las trabajadoras académicas de la UPN no forman, ni han formado, ni formarán parte de ninguna hiperélite.
  3. En la UPN el sistema de estímulos abarca a poco más de la mitad de los y las profesoras-investigadoras, con una distribución estándar. No es, por tanto, un grupo reducido, ni mucho menos una “élite”. Del mismo modo, los estímulos, becas, salarios y prestaciones de los profesores de la UPN no se acercan, ni por asomo, a los de otras instituciones de educación superior. El estímulo al desempeño académico tiene un máximo de 7.5 salarios mínimos, al que logran acceder muy pocos, nada comparable a los niveles de la UNAM, UAM, IPN, para no hablar de otros centros de investigación y educación superior. El monto de los otros dos estímulos con los que contamos (Exclusividad y Fomento a la Docencia), se mantiene exactamente igual que hace 25 años, es decir, ¡en un cuarto de siglo no se han modificado en términos nominales brutos! Por ejemplo: la beca de exclusividad es de mil pesos mensuales desde 1994.
  4. En la UPN-Ajusco tenemos prácticamente el mismo tabulador y prestaciones del sistema de homologados (Personal Docente y de Apoyo y Asistencia a la Educación adscrito a los Subsistemas Centrales de la Secretaría de Educación Pública, incorporados al Modelo de Educación Media Superior y Superior), cuyas negociaciones realiza la Comisión Mixta SEP-SNTE. Nosotros, ni soñando, tendríamos como prestación un Seguro de Gastos Médicos Mayores, del cual sí gozaban los trabajadores de otras instituciones académicas. En la Pedagógica, quienes tienen este tipo de seguro, pagan la póliza de su salario, mediante descuentos quincenales. Además, cabe especificar, los precarios estímulos que recibimos no son libres de impuestos.
  5. En la UPN no existe un fondo constante de apoyo a la investigación, como sí lo hay en otras universidades, tipo el PAPIIT de la UNAM. Por tanto, las fuentes de financiamiento de la investigación son externas, hay que concursar por fondos públicos de CONACYT o PRODEP, o bien buscar opciones en fundaciones privadas, con los consabidos problemas en su gestión. Frente a esta complejidad, el autofinanciamiento se ha vuelto común para muchos de los académicos, hacen investigación prácticamente con recursos propios.
  6. La autofinanciación por parte del trabajador no se limita a las necesidades que todo trabajo de investigación requiere, sino que se extiende a la fase de difusión de los resultados. De ahí que, dada los escasos recursos con los que la UPN cuenta para estas actividades, las participaciones en congresos, coloquios, e incluso la realización de publicaciones, deban ser solventadas con el peculio de los propios investigadores. Las condiciones presupuestales para la investigación en nuestra institución son tan precarias que, por ejemplo, en aras de que la magra partida presupuestal rinda lo más posible, desde hace bastante tiempo la Universidad no cubre las inscripciones a los congresos, sean nacionales o internacionales. Por si eso fuera poco, hemos debido acatar absurdas normas burocrático-administrativas que impiden reservar por cuenta propia los boletos de avión a costos mucho menores que los que finalmente la institución termina pagando. Así de ilógicas, así de complicadas son las condiciones para que los académicos de la UPN podamos difundir los resultados de nuestras investigaciones.
  7. Por todo esto, la mayor dificultad que observamos en el diagnóstico del subsecretario, es la ausencia de problematización de los estímulos. No hay, en la explicación referida por la nota, dos cuestiones que nos parecen centrales: a) cuál fue el origen de los programas de estímulos, es decir, el problema histórico-político del que surgen; y, b) en consecuencia, la necesaria respuesta a las preguntas sobre su sustitución, transformación o atención. Por lo cual únicamente se lanza la idea de avanzar en su cancelación.
  8. Todos los programas de estímulos surgieron de un problema histórico, es decir, después de luchas y denuncias de comunidades académicas empobrecidas por las políticas de austeridad en los años ochenta. Fue una respuesta, ciertamente neoliberal, a un problema político-salarial. Esta es una cuestión fundamental: los gobiernos neoliberales reconocieron la existencia de ese problema -sobre todo después de que hace años los profesores de la UNAM se emplearon como cerillos en los supermercados- y, para mantener los topes salariales y con ello la reducción del nivel de vida de los profesores, diseñaron un programa que aumentaba ingresos nominales, a grupos reducidos, a través de mecanismos de evaluación cuantitativa y fuertemente competitivos. Los efectos de esos programas ya han sido reconocidos y estudiados, quizá no con la profundidad que merecen, pero los compartimos plenamente.
  9. En esas condiciones, se generó lo que el subsecretario llama un sistema de castas y una hiperélite en las universidades que, en la nueva retórica del poder, se asocia a corruptelas, mafias y demás perversiones del trabajo académico. La solución que se pretende dar a rajatabla, como en otros casos, es quitar estímulos y mantener topes salariales, lo que significa regresar a la situación de los años ochenta, es decir, a la reducción de los ingresos reales del 50% de los trabajadores académicos de Ajusco, en cerca de un 70%, según las estimaciones convencionales de la pérdida del poder adquisitivo en los trabajadores universitarios en los últimos 30 años.
  10. En otras palabras: a) si la eliminación de los estímulos no está acompañada de una problematización sobre las causas de la disminución de los ingresos reales en los últimos decenios; b) si se mantienen los topes salariales por debajo de la inflación; c) si no hay una discusión de los niveles “aceptables” de desigualdad por experiencia, estudios, producción y demás, entonces no hay transformación alguna de las condiciones en las que se desarrolla el trabajo universitario, sino un simple mecanismo de coerción y empobrecimiento de un sector de trabajadores para financiar los megaproyectos gubernamentales, ante la ausencia de reformas fiscales que graven al capital y luchen contra la corrupción, la evasión y la elusión fiscal.
  11. Es necesario especificar que en las condiciones actuales, la discusión sobre transformaciones de fondo en la educación superior debe estar abierta. Nosotros estamos dispuestos a darla como lo que somos: trabajadoras-investigadoras de y sobre la educación que no aceptamos el empobrecimiento radical ni mucho menos ser objeto de descalificaciones sin sustento.

En virtud de las anteriores consideraciones, lo invitamos a avanzar conjuntamente con esta comunidad académica en la necesaria reflexión y análisis sobre las condiciones en las que la Universidad Pedagógica Nacional, pese a todas las restricciones, ha continuado cumpliendo con sus funciones sustantivas en las últimas décadas. Somos los primeros interesados en construir conjuntamente -y a la brevedad- soluciones viables y pertinentes para nuestra institución.

ACADÉMIC@S E INVESTIGADOR@S DE LA UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL. Ajusco y Unidades de la CdMx

  1. Aída Sandoval
  2. Alba Liliana Amaro García
  3. Alejandro Álvarez Martínez
  4. Alejandro Villamar Bañuelos
  5. Aleksandra Jablonska Zaborowska
  6. Alfredo Maldonado Sánchez
  7. Alicia L. Carvajal Juárez
  8. Alicia Rivera Morales
  9. Amílcar Carpio Pérez
  10. Ana Laura Lara López
  11. Anabel López López
  12. Andrea Meza Torres
  13. Andrea Torres Alejo
  14. Andrés Lozano Medina
  15. Angélica Jiménez Robles
  16. Angélica Terrazas Domínguez
  17. Armando Ruiz Badillo
  18. Arnulfo Alvarado Jurado
  19. Arturo Ballesteros Leiner
  20. Belinda Arteaga Castillo
  21. Bertha Leonor Sotres Mutio
  22. Carmen Campero Cuenca
  23. Carmen Margarita Pérez Aguilar
  24. Carmen Ruiz Nakasone
  25. Cecilia Navia Atenzana
  26. Claudio Escobar Cruz
  27. Daniel Poblano Sánchez
  28. Diana Patricia Rodríguez Pineda
  29. Esperanza Terrón Amigón
  30. Etelvina Sandoval Flores
  31. Eurídice Sosa Peinado
  32. Exza Zamna Pérez Hernández
  33. Fabiola Rodríguez Sánchez
  34. Fernando Salinas Quiroz
  35. Francisco Javier Moreno Torres
  36. Francisco Pérez Alvarado
  37. Gabriela Ruiz de la Rosa
  38. Gabriela Ruiz Sandoval
  39. Gabriela Soria López
  40. Gabriela Trejo Sánchez
  41. Georgina Ramírez Dorantes
  42. Gloria Evangelina Ornelas Tavarez
  43. Graciela Herrera Labra
  44. Guadalupe Manuel Martínez Marín
  45. Héctor Fernández Rincón
  46. Humberto A. Calderón Sánchez
  47. Ignacio Lozano Verduzco
  48. Ivonne Sandoval Cáceres
  49. Javier Olmedo Badía
  50. Jesús Manuel Campiña Roldán
  51. Jorge Tirzo Gómez
  52. José Amando Velázquez González
  53. José Antonio Padilla de la Peña
  54. José Antonio Serrano Castañeda
  55. José Luis Cortina Morfin
  56. José Pérez Torres
  57. José Tenorio Fabián
  58. Juan Manuel Delgado Reynoso
  59. Juan Manuel Sánchez
  60. Juan Mario Ramos Morales
  61. Juan Pablo Méndez Pozos
  62. Juan Pablo Ortíz Dávila
  63. Juan Ramírez Carbajal
  64. Juanita Cortez
  65. Julia Salazar Sotelo
  66. Yolanda Quiroz Arce
  67. Julio César Lira González
  68. Karla Liset Aguilar Islas
  69. Laura Elena Ayala Lara
  70. Laura Lima Muñíz
  71. Laura Magaña Pastrana
  72. Laura Regil Vargas
  73. Lauro Ventura Cabrera
  74. Leona Rosales Mendoza
  75. Leonor Galicia Chavarría
  76. Leslie Aline Cuesta Alemán.
  77. Lucía E. Rodríguez Mc Keon
  78. Lucía Rivera Ferreiro
  79. Luis Eduardo Primero Rivas
  80. Luz María Garay Cruz
  81. Ma. Alejandra Huerta García
  82. Ma. del Pilar Cruz Pérez
  83. Ma. Del Pilar Míguez Fernández
  84. Ma. Elena Tapia Fonllem
  85. Ma. Eugenia Momoko Saito Quezada
  86. Ma. Imelda González Mecalco
  87. Magdalena Gómez Rivera
  88. Marcelino Guerra Mendoza
  89. María de Jesús López Cervantes
  90. María de Jesús Salazar Muro
  91. María de los Ángeles Cabrera
  92. María de Lourdes Salazar Silva
  93. María de Lourdes Sánchez Velázquez
  94. María del Pilar Cruz Pérez
  95. María del Pilar Míguez Fernández
  96. María Elena Mújica Piña
  97. María Guadalupe Millán Dena
  98. María Imelda González Mecalco
  99. Martha Lorena Izquierdo Dorantes
  100. Mayra García Ruiz
  101. Miguel Ramírez Carbajal
  102. Mireya Martínez Montes
  103. Mónica García Contreras
  104. Mónica Lozano Medina
  105. Natalia de Bengoechea Olguín
  106. Nicanor Rebolledo Recéndiz
  107. Olimpia González Basurto
  108. Óscar López Camacho
  109. Patricia Medina Melgarejo
  110. Roberto González Villarreal
  111. Rocío Moreno Oscos
  112. Romelia Velasco Barragán
  113. Rosa María González Jiménez
  114. Rosalía Meníndez Martínez
  115. Rubén Castillo Rodríguez
  116. Ruth Briones Fragoso
  117. Sandra Margarita Montiel
  118. Saúl Velasco Cruz
  119. Sonia Lorena Esperón Lorenzana
  120. Teresa de Jesús Rojas Rangel
  121. Vanya Lizeth Pereyra García
  122. Verónica Abigail Hernández Andrés
  123. Verónica Aguilar Hoyos
  124. Víctor Gómez Gerardo
  125. Víctor Javier Raggi Cárdenas
  126. Víctor Manuel Martínez Martínez
  127. Victoria Yolanda Villaseñor López
  128. Xavier Rodríguez Ledesma

[1] Nunca haríamos una referencia personal en un problema universitario, pero fue el mismo subsecretario el que se puso a si mismo como ejemplo, según lo que refiere la nota. Sus ingresos se pueden encontrar en el portal de transparencia del gobierno federal. 

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