¿A quién le conviene una educación pública mala?

Gerardo Barboza

Educador

Abril, 2019.

https://independent.academia.edu/EnglishLanguageEdPolicy

Con “mala”, no me refiero solamente a las  acepciones encontradas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, tales como: “de valor negativo, falto de las cualidades que cabe atribuirle por su naturaleza, función o destino”; “nocivo para la salud”; “que se opone a la lógica o a la moral”, “inhábil, torpe, especialmente en su profesión”.

Me refiero además a la educación pública -y cierta privada- reportada, “recomendada”, justificada en coloridos documentos, con “portada”, “introducción”, “datos y datos y más datos”, “referencias bibliográficas”, etc., cuyos autores son incapaces de responder, por el contrario, a cuestionamientos científicos.

En fin, me refiero a ese tipo de educación pública con apariencia científica, que presenta “la” solución a los problemas nacionales, no contrastada, no comparada, sujeta a “indicadores” plagados con serias falencias, publicitada como “innovadora”, “de vanguardia”, pero que resultó ser más bien, una educación añeja, obsoleta, sin resultados o con resultados diametralmente opuestos a las  “promesas” con que fue impuesta… ¿o más bien con resultados y efectos colaterales planeados para que, en realidad, sean malos ante la opinión pública; enfermar la educación, para luego brindar la “cura”?…

Es ese tipo de educación pública mala que nos han impuesto los últimos “gobiernos” de turno, clasista, segregadora, que expulsa a los estudiantes, denigra y desgasta a los docentes y socava sus derechos, copiada pero presentada como “nacional”, obediente (digamos, “alineada”, ahora que se puso de moda la palabra) a las “recomendaciones” de lo que no sirvió en otros países, “platera”, cara, anunciada sobre la base de “investigación científica” pero inexistente, en artículos de revistas “científicas”, o, peor aún, en artículos o editoriales en ciertos medios de prensa.

¿Y cuáles son ejemplos de esa educación mala, según la miríada de la literatura científica internacional?

-El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes-PISA… (pagando -no se sabe cuánto- para que nos digan qué hacer);

-El Marco Común Europeo de Referencia (MCER) y pruebas de idiomas estandarizadas;

-“Bilingüismo”, o la mampara 2018 de casi US$48 millones, del nefasto programa “Costa Rica Multilingüe/Plan Nacional de Inglés” 2008;

-Educación dual de marca alemana (¿habráse visto la torpeza de desmantelar el exitoso modelo de educación técnica vocacional costarricense para sustituirlo por uno que garantiza la precariedad que ha producido hasta en la misma Alemania?);

-La “notable” ocurrencia de las infundadas “Pruebas de Bachillerato” -que para eliminarlas, tenía que venir un apóstol de la educación con sede en París a “sugerirlo”, a las “Pruebas FARO” -sin más “lámpara” que la que hacen sus promotores y entrevistadores, y la infundada “evaluación auténtica”.

¿Y cuáles son algunos de los comunes denominadores de lo anterior? Evaluación, evaluación, evaluación y más evaluación aderezada con “certificaciones” igualmente infundadas, evaluación mala que evalúa educación mala, que evalúa la administración educativa, la enseñanza (docentes y sus sindicatos “chivos expiatorios” de los ocurrentes) y el aprendizaje (estudiantes, los que van al aula y sus familias que terminan, en muchos casos, el trabajo asignado como consecuencia de la errónea política educativa, no por responsabilidad exclusiva del docente o la eventual pereza -con razón- del estudiante).

Es decir, la entrega del control y el diseño del currículo a las agencias evaluadoras y certificadoras, para satisfacer la meta última de su paupérrima oferta educativa.

¡A enseñar, a estudiar, a evaluar y a pagar caro! para satisfacer a las agencias controladoras a las que ¿el Ministerio de Educación Pública (MEP) y el Consejo Superior de Educación (CSE) obedecen en nombre de una supuesta “calidad”?…

Eso es (parte de) la educación pública mala que consolida el actual “gobierno”. El combo incluye PISA, MCER y pruebas estandarizadas de idiomas, inglés para “el gasto”, la lámpara de FARO, evaluación estudiantil y docente infundada, eliminación de derechos, privatización y más…

¿A quién conviene la educación pública mala?

¿A los estudiantes? No. Los del sistema público a pesar del millonario gasto, por ejemplo, no se comunican en inglés y otras lenguas.

¿A las madres y padres de familia, encargados en general? No. Sus hijas/os no avanzan de manera proporcional al 8% del PIB destinado para la educación pública, y su gratuidad se esfuma cuando debe pagar por aparte, por ejemplo, lecciones de “recuperación” de lo que sea.

¿A las empresas? No. ¿Cuál beneficio obtiene una empresa si no consigue personal idóneo para su giro de negocio? ¿Qué le puede decir una certificación, por ejemplo en inglés, derivada de una prueba estandarizada obsoleta, cara, caducable, sobre la capacidad comunicativa de quien busca contratar? Nothing…

¿A la sociedad en general? En nada. Pago por inservibles a través de impuestos. Un país a la deriva. Amplíe usted la lista.

¿Le parece desalentador, pesimista? Sencillo, como dirían los “pragmáticos”, ¿dónde están los resultados fundados? ¿Cuáles son los resultados alentadores, optimistas?

¿Y qué podemos hacer? Para empezar, todo lo contrario a la embaucada y burla en la que han colocado al país. Para empezar: ¿es posible intervenir al MEP y CSE? Si lo es, procédase.

¿Qué más podría esperarse cuando el CSE en su estructura incluye “Dos exministros de Educación Pública, designados por el Poder Ejecutivo”, exministros que en muchos de los casos durante su gestión fueron incapaces de sacar a la educación nacional adelante y más bien la han hundido? ¿Cuál empresa privada colocaría a dos de sus ex gerentes generales que la hubieran llevado a la quiebra o desprestigio en su junta directiva?…

A quien(es) convenga la educación pública mala y a quienes se prestan para promoverla e imponerla, mostrémosles la salida y recomendémosles que no experimenten con sus propias hijas/os, como lo hacen con los estudiantes y sus familias, y los docentes y administrativos cuyo único recurso es la educación pública para poder avanzar en la vida… que señalan y ordenan otros.

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