Bitácora Educativa

¿Abrogar o cancelar la reforma educativa?

¿Abrogar o cancelar la reforma educativa?

Pedro Hernández Morales*

* Profesor normalista; Ciudad de México

La Jornada/220918.

La reforma educativa a cinco años de su implementación ha resultado un estrepitoso fracaso para el gobierno de Peña Nieto pese al uso de toda la maquinaria del Estado para someter al magisterio.

Sus objetivos de fortalecer a la educación pública, lograr el acceso de una educación de calidad, un desarrollo profesional de docentes y directivos y un servicio profesional docente que respetaría los derechos laborales del magisterio no ha pasado de la retórica gubernamental, tan llena de spots televisivos y carente de un ejercicio autocrítico de las graves afectaciones a la educación pública con estas políticas neoliberales.

Las principales transformaciones del sector educativo con la reforma educativa han configurado un entramado legislativo, jurídico, normativo y de política educativa cuya pretensión fue en todo momento el control del magisterio, la imposición de un modelo educativo, el desmantelamiento y la privatización de la educación pública y la afectación de los derechos de los trabajadores de la educación.

Entre otras acciones, se impuso una llamada autonomía de gestión para responsabilizar a los padres de familia del financiamiento a la educación, se creó el Servicio Profesional Docente (SPD) para controlar el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia de los docentes; en este periodo 200 mil docentes fueron obligados a jubilarse y sus plazas sometidas a concurso para cambiar el perfil docente normalista; también se apuntaló al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) como brazo ejecutor de la evaluación punitiva.

Igualmente, se cambió el Fondo de Aportaciones para la Educación Básica y Normal (FAEB) por el Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa (FONE) para centralizar los recursos que los estados deberían manejar. También se crearon el Sistema Nacional de Evaluación Educativa (SNEE), el Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela (SATE) y el Sistema de Información y Gestión Escolar (SIGE); con el supuesto de fortalecer la rectoría del estado sobre la educación.

Para desarticular este entramado político y jurídico se requiere construir la ruta legislativa para la abrogación de la reforma educativa, no basta enunciar que a partir del primero de diciembre de 2018 que asuma el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ésta se cancelará.

Una vía es la presentación de una iniciativa preferencial y que una mayoría calificada del Congreso (66 por ciento de diputados o senadores presentes voten por su aprobación).

Es decir, derogar en su totalidad las modificaciones al 3º y 73 constitucional que los partidos del Pacto por México aprobaron en 2013 y que se publicaron en el DOF el 26 de febrero de 2013. Enseguida deben abrogarse las leyes secundarias y reglamentarias: Ley del Servicio Profesional Docente, Ley del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, así como los cambios a la Ley General de Educación y a la Ley de Coordinación Fiscal. Para no dejar cabos sueltos, también deben derogarse los decretos que dieron vida al programa Escuelas al Cien, Escuelas de Tiempo Completo.

Como puntos mínimos para avanzar en la abrogación deben eliminarse del tercero constitucional la definición de calidad como máximo logro de aprendizaje. También debe quitarse el concepto de idoneidad del texto constitucional pues suponen que esto garantiza la calidad educativa, de igual forma se deben eliminar todas las evaluaciones estandarizadas a estudiantes y maestros, las figuras del SPD y del INEE. En los transitorios de la reforma constitucional se debe eliminar la autonomía de gestión que da cobertura a los procesos de privatización de la educación que hemos denunciado.

En lo inmediato deben suspenderse las notificaciones para la evaluación del cuarto grupo, las amenazas y presiones que las autoridades están realizando sobre los maestros.

También debe cancelarse el modelo educativo echado a andar en este inicio de clases del ciclo escolar 2018-2019, en tanto no se revisa y construye uno nuevo con la participación real de los maestros, padres de familia, investigadores y estudiantes.

Los legisladores de Morena y sus aliados que alcanzan la mayoría calificada en ambas cámaras deben poner manos a la obra, es decir, legislar para abrogar la reforma educativa y todos sus componentes y no sólo exhortar a la SEP e INEE, que han respondido que continuarán la evaluación punitiva, amparados en el mandato constitucional.

Los foros y consulta educativa que ha encabezado el gobierno electo deben transformarse en auténticos espacios de discusión y análisis del estado actual de la educación y de la necesaria transformación del sistema educativo, no debe simularse que se escucha a todos y limitarse la participación a sólo algunos elegidos. La permanencia de la educación pública está en juego, la cuarta transformación también debe de cambiar de raíz las políticas educativas.

*Nos solidarizamos con los estudiantes universitarios que hoy se indignan y organizan para exigir el castigo a los culpables intelectuales y materiales de la brutal agresión que sufrieron en días pasados.

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Nota mía: Respetuosamente me permití modificar levemente la estructura del artículo de Pedro Hernández Morales, con la exclusiva finalidad de facilitar su lectura en el formato de Odiseo. Alfredo Macías Narro.

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Materiales para cancelar la reforma educativa I

El monstruo al que nos enfrentamos

Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro, Marcelino Guerra Mendoza
Publicado en Insurgencia Magisterial
http://insurgenciamagisterial.com/materiales-para-cancelar-la-reforma-ed...
22/08/2018 

Decimos o escuchamos con demasiada frecuencia que hay que abrogar, derogar o cancelar la reforma educativa. Y así pasamos muy rápidamente a otra cosa. Sin embargo, no todxs entendemos lo mismo. Para los críticos oficiales y algunos miembros del equipo de AMLO, los términos parecen lo mismo, los utilizan indistintamente para hablar de algo en lo que al parecer, todos coinciden: se trata de una reforma mal llamada educativa, laboral, administrativa, parcial, impuesta.

En realidad no es así. Son cortos de miras, entienden poco, solo aluden al nuevo estatuto laboral del magisterio; pero las y los maestros enfrentan diariamente muchos cambios en la escuela, en las aulas, en las prácticas docentes, en la formación y actualización, en los contenidos y los métodos de trabajo, en sus responsabilidades.  Lo primero que les afecta, ciertamente, es lo laboral, porque ese  fue el primer gran objetivo de la reforma; luego han venido muchos más. Los sufren todos los días y todos los días sus efectos se hacen presentes.

Así que, antes de seguir adelante, pongámonos de acuerdo en qué es eso de la reforma, para saber qué es lo que vamos a cancelar.  No se puede cancelar algo que no se sabe muy bien qué es. Para eso, proponemos una metodología procesual, productiva, agonista  e inmanente, misma que hemos utilizado para caracterizar la reforma de la siguiente manera:

  1. La reforma es un dispositivo, es decir, un conjunto más o menos articulado de cambios constitucionales, legislativos, organizativos, financieros, laborales, presupuestales, administrativos, conceptuales; con objetivos muy diversos, que afectan a todos los componentes del Sistema Educativo Nacional.
  2. La reforma es un proceso; inicia con campañas sobre la calidad de la educación, éstas logran penetrar en la población, instalando la percepción de que el magisterio es el responsable principal de todos los problemas habidos y por haber, luego se efectúan cambios constitucionales, enseguida leyes como la del INEE, la LGSPD, los cambios en  la LGE sobre autonomía de gestión y participación social, el Censo y el SIGED, los cambios en las leyes hacendarias, la centralización de la nómina, el FONE, la creación de instrumentos financieros como los CIEN, nuevos calendarios escolares, Normalidad Mínima, Escuelas al Centro y así, hasta llegar al Nuevo Modelo Educativo, la autonomía curricular, la reforma a normales y lo que falte.
  3. Es un ensamblaje, está compuesta de programas y acciones diferentes, cada una de ellas con su propio ritmo, pero en articulación permanente, generando procesos de auto-organización y auto-reproducción, como por ejemplo el SIGED y el Censo con el FONE, las Escuelas al CIEN con la autonomía de gestión, la evaluación y ahora la autonomía curricular; con el modelo educativo, entre tantos otros ejemplos.
  4. Es un proceso productivo, no sólo destruye formas de contratación, prácticas escolares y derechos magisteriales (plazas, prestaciones, permisos, licencias) sino que también produce otras formas de subjetividad, otros modos de relación, otras formas de control político, otros perfiles educativos, otras prácticas docentes, otras formaciones; por ejemplo, los nuevos maestros de la reforma acostumbrados a la incertidumbre, las nuevas figuras directivas, las diferencias entre maestros idóneos y no, las maestras notificadas y las que no, las supervisoras con y sin promoción, las madres empoderadas en los consejos de participación, entre otros.
  5. Un proceso agonista, más aún, una guerra de reconstrucción del territorio educativo, con múltiples fuerzas enfrentadas, de naturaleza diversa y presencia distinta.

De acuerdo con esta caracterización, lo peor que se puede suponer es que los programas y acciones de la reforma son independientes unos de otros; o que la reforma solo es la evaluación de desempeño, esa a la que llaman punitiva, sin ver todo lo que está produciendo y todo lo que ya está encarnando y conformando: prácticas, concepciones, actitudes, comportamientos, modos de analizar y reflexionar.

La reforma efectiva, la que se instala en las escuelas, la que se corporiza en las maestras, los directores, las supervisoras, los directivos, padres de familia y pobladores, es el efecto móvil de múltiples programas, con ritmo distinto y profundidades disímiles, pero que ya se están armonizando y produciendo los efectos esperados: subjetividades neoliberales, mercados educativos, escuelas-empresas de subjetivación y negocios, individuos emprendedores y así, entre tantas otras cosas. Entonces, no se puede suponer que alterando uno de los programas, así sea uno de los más perversos, como la evaluación de permanencia, se quiten o desaparezcan los efectos de conjunto producidos por la reforma.

Recordemos: las propiedades emergentes de los conjuntos heterogéneos resultan precisamente de la acción coordinada de lo diferente; es el efecto producido por la articulación en los sistemas complejos. El todo siempre es más que la suma de las partes, diríamos en lenguaje coloquial. Y más que eso, pues genera mecanismos de auto-organización.

Por tanto, si se quiere cancelar la reforma modificando uno de sus aspectos, no se garantiza nada, pues como a la hidra, le saldrán otras cabezas; o como a los zombis, habrá nuevos contingentes que infecten los demás programas escolares.

Para acabar con infecciones sistémicas, no se puede ser ni minimalista ni tener contemplación alguna con los conceptos y/o con los programas: hay que arrancarlos de raíz. 

 

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