Estilos de Comunicación y su Influencia en el Proceso Enseñanza- Aprendizaje

Estilos de Comunicación y su Influencia en el Proceso Enseñanza- Aprendizaje. Dr. José Julio Ojeda González, Dra Haydeé Vega Vega, Dr. Luis Díaz Martínez, Dra. Sol Angel Colón Nuñez. Especialista de I Grado en MGI, II Grado en Anestesiología y Reanimación. Master en Urgencias Médicas. Profesor Asistente. Facultad de Ciencias Médicas. Cienfuegos. E-mail: jose.ojeda@jagua.cfg.sld.cu. Durante muchos años el predominio conductista en la psicología educativa ubico el aprendizaje en una perspectiva totalmente instrumental y externa. El centro del aprendizaje radicaba en el método, estableciéndose una relación directa entre este y el aprendizaje, que obviaba al sujeto que aprende y simultáneamente al que enseña, es decir la relación profesor alumno no era imprescindible en el acto de aprender (1). Este concepto tradicional eliminaba las deficiencias individuales, por lo que la responsabilidad total se le atribuía al método según los resultados alcanzados. Al no estar basados la subjetividad y la conciencia en un criterio científico, la individualización no seria nunca objeto de estudio como línea de trabajo. Las diferentes tendencias que han fragmentado a la psicología como ciencia a lo largo de su historia encontrándose en uno u otro polo de un conjunto de antinomias, como cognitivo- afectivo, ciencia – conducta, interactivo – intrapsiquico. Han obstaculizado el nivel de integración que permita comprender un proceso humano complejo, como es el aprendizaje, el cual se expresa como configuración subjetiva y proceso interactivo centrándose en la subjetividad (2). Lo que implica: - Explicarlo como un proceso diferenciado a nivel individual. - Como expresión integral del sujeto, resultante de la configuración de un conjunto de elementos psicológicos diferentes. - Como resultado de una integración funcional de lo cognitivo y lo afectivo. - Como expresión intencional de un sujeto interesado en aprender. Apoyarse en estos principios necesariamente ubica al proceso en un marco interactivo, pues tanto las diversas configuraciones subjetivas que tienden a llevar el proceso a nivel persono lógico, como la capacidad intencional actual del sujeto, tiene una índole social. Enmarcando el aprendizaje en un marco interactivo lo que implica (2,3): - Reconocer el carácter necesario de la comunicación en el proceso de construcción del conocimiento. - Reconocer el papel de una atmósfera institucional sana en el desarrollo de las potencialidades del sujeto para el aprendizaje. - Reconocer el aprendizaje como un proceso de cooperación y de integración. - Reconocer el sentido que para el aprendizaje tiene el bienestar emocional del sujeto en sus distintos sistemas de relaciones. La interacción que se produce en el proceso de construcción del conocimiento es solo uno de los diversos momentos que tiene la interacción profesor - alumno en el aula. No siempre el resultado de un proceso interactivo se puede apreciar en el ámbito actual de relación en que este se produce. Con frecuencia el momento interactivo produce emociones, interrogantes y reflexiones, que permiten al sujeto una continuidad activa y reflexiva sobre un momento pasado, a lo largo de lo cual y gracias al papel activo que el sujeto asume en la continuación de una interacción que le resulta fructífera, se produce un momento activo en la construcción o reconstrucción del conocimiento (2,4). La comunicación como proceso se expresa interactiva y simultáneamente; extiende su sentido más allá del momento físico y actual de la interacción de la configuración subjetiva en que aparece su expresión personológica, la que actúa como motivo estable del comportamiento del sujeto incluso en momentos no interactivos. Descartar lo interactivo como elemento de la construcción conjunta del conocimiento en el aula, significa desconocer la significación de lo interactivo fuera del marco actual de la relación, como fuente de enriquecimiento del sujeto que, más allá del contacto comunicativo, estimula la actividad creativa del escolar y lo mantiene implicado en el sentido de la interacción aun fuera de esta. Solo en este caso, lo interactivo se convierte en una verdadera fuente del desarrollo de la personalidad, más allá de su significación cognitiva (3). La interacción profesor – alumno no se reduce, al momento cognitivo de construcción del conocimiento. Lo primero que el profesor tiene que lograr con sus alumnos es la formación de una verdadera relación profesor – alumno, que se caracterice por la seguridad, el respeto y la motivación hacia la actividad. Por tanto, la interacción con el profesor se convierte en la vía esencial para el desarrollo de estos factores (2). El aprendizaje tenemos que representárnoslo como un proceso activo e integral del sujeto en la construcción del conocimiento, no como la reproducción de una información construida fuera de él y trasmitida mecánicamente, ni tampoco como construcción solo cognitiva. El aprendizaje pasivo reproductivo no estimula el desarrollo del sujeto, sino que conduce a la fijación memorística de una información que tiende a la extensión y que el sujeto no puede personalizar, o sea, no puede utilizar de forma creativa ante situaciones nuevas o generadas por el. Para que se produzca un aprendizaje activo y creativo es necesario el desarrollo de una elevada motivación personal hacia este proceso, en la cual tiene un papel primordial las relaciones de comunicación que se establezcan para el desempeño de la actividad (4,5). En niveles superiores, a partir de la adolescencia, exigirá de conversaciones y reflexiones conjuntas profesor – alumno sobre temas de interés de los escolares, los cuales pueden tener distintas formas organizativas, facilitando la creación de un adecuado clima social. Cuándo el alumno percibe en el profesor una persona afectuosa, confiable, comprensiva, disciplinada y estable, siente seguridad en su capacidad para entenderlo y apoyarlo. Para comunicarse toda persona necesita sentir la aceptación del otro, así como la vivencia de que interactúa reportando algo positivo (2,5). La construcción del conocimiento a través del dialogo no significa la ausencia absoluta de momentos expositivos por parte del profesor. El profesor será el facilitador en la organización y desarrollo del proceso docente – educativo, pues sin su experiencia, motivación y su inducción en la actividad se corre el riesgo de convertir el aula en un caos anárquico. Debe destacarse también la idea de que la comunicación es un contenido de enseñanza en sí misma. En la actualidad se reconoce la capacidad de comunicarse como uno de los códigos de la modernidad, a la cual deben tener acceso todos los ciudadanos del mundo. En el último informe de la UNESCO, en la elaboración de su versión final, se reconoce cómo la educación tiene a su cargo la responsabilidad de desarrollar esta capacidad en los individuos (2). Los autores de este trabajo consideran que este modelo es democrático, debido a que se caracteriza por una participación activa de los estudiantes en la toma de dediciones, se tiene en cuenta sus criterios y las relaciones obedecen a una estructura descentralizada, lo cual no implica perdida del control por parte del profesor y garantiza la calidad del proceso docente educativo. Referencias Bibliografícas: 1- Bozhovich LI. Formación de la personalidad del niño en la edad escolar media. En : La personalidad del niño y su formación en la edad infantil. Editorial. Pueblo y Educación. Vedado, La Habana 1976 pag. 190 – 241. 2- Sainz Leiva L. La comunicación en el proceso pedagógico: algunas reflexiones valorativas. Rev Cubana Educ Med Sup 1998;12(1):26-34. http://bvs.sld.cu/revistas/ems/vol12_1_98/ems04198.htm. Revisado 20 de Diciembre 2008. 3- Kan-Kalik, V.A. Para el maestro, sobre la comunicación pedagógica. Resumen y comentarios de V. Ojalvo, CEPES-UH. Moscú, 1987. http://fbio.uh.cu/helper/cepes/biblio/kan-kali.htm Revisado 20 Diciembre 2008. 4- González Rey F, Mitjans Martínez A. La personalidad, su educación y desarrollo. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1989 pag .80. 5- Ojalvo V. Comunicación educativa. CEPES 1994, Universidad de La Habana: CEPES, 1994:2,3-7.