Escuelas chárter en EE. UU. No se trata de los niños, sino de las ganancias…

Susana López Guerra y Marcelo Flores Chávez

¿Los niños pobres merecen una educación de menor calidad que los niños ricos? Un estudio reciente de Gordon Lafer aborda las propuestas de privatización de las escuelas públicas en Milwaukee, Wisconsin, EE. UU. y concluye que bajo el esquema privatizador, los niños pobres reciben una educación de pobre  calidad.

El informe titulado Do Poor Kids Deserve Lower-Quality Education Than Rich Kids? Evaluating School Privatization Proposals in Milwaukee, Wisconsin, de 52 páginas, publicado el 24 de abril de 2014, es el número 375 del Economic Policy Institute y se puede consultar en: http://www.epi.org/publication/school-privatization-milwaukee/

El estudio muestra el negocio de las escuelas chárter, donde se privilegia el lucro sobre la educación de los niños. Es el caso de la cadena de escuelas Rocketship, que entre 2010 y 2013 incrementaron sus ganancias en un 600: pasaron de 2.2 millones de dólares a 5.8 millones de dólares. Sin embargo, el incremento en las ganancias no ha significado un incremento en las cifras que miden la calidad de esas escuelas; el financiamiento de estas empresas procede de fondos públicos y no corresponde para nada con la calidad de la educación que imparten.

Ruth Conniff editora de la revista The Progressive, entrevistó telefónicamente a Lafer el pasado 24 de abril a su llegada al aeropuerto de Milwaukeehace, en la página web de la revista puede consultarse la reseña y entrevista que hace Conniff; en el artículo da cuenta de cómo la ciudad de Milwaukee (la ciudad más grande de Wisconsin y la número 22 en población de EE. UU.) se convirtió en 1990 en el epicentro de los procesos privatizadores de la escuela pública, con el uso de los vales escolares (school vouchers) financiados con fondos públicos. A principios de 2014, los legisladores de Wisconsin aprobaron proyectos de ley que permiten cerrar escuelas públicas de bajo rendimiento y sustituirlas por escuelas chárter, de gestión privada. Pero, estas últimas escuelas tendrán un período de gracia de ocho años y no podrán ser cerradas sino hasta el noveno año, aunque hayan registrado bajos niveles de calidad y rendimiento en esos primeros años, mientras que las escuelas públicas no tiene ese período de gracia.

No hay estudios que concluyan que las escuelas chárter son mejores que las escuelas públicas, e incluso el rendimiento suele ser bajo ¿Cuáles son los motivos? Entre otros está la contratación de maestros jóvenes e inexpertos; un modelo denominado blended learning o aprendizaje que combina la educación presencial con educación a distancia por medios digitales, pero que significa una reducción de docentes y más bajo salario a los mismos; además de un proceso de reducción de contenidos a enseñar –que en México, por ejemplo hemos vivido desde las reformas del año 94, los contenidos mínimos de aprendizaje— y que consiste en limitarse casi exclusivamente a la enseñanza elemental de la lecto-escritura y las matemáticas, en detrimento de otros contenidos científicos o estéticos.

Según Gordon Lafer,  el impulso privatizador en Milwaukee proviene de los grupos de presión formados por los empresarios y representantes de la derecha de esa ciudad, quienes se han opuesto al financiamiento de la educación pública y a las políticas eficaces de lucha contra la pobreza. Este último factor es, según Lafer, un elemento determinante al momento de considerar los mecanismos para alcanzar una escuela de calidad; suprimir la pobreza, dice, es indispensable para lograr escuelas de calidad. Las ideas subyacentes a las propuestas privatizadoras son económicas o ideológicas y no tienen ningún fundamento propiamente pedagógico; a lo largo de su artículo Lafer muestra lo anterior a partir de las siguientes consideraciones:

  1. Las investigaciones nacionales (EE. UU) muestran que las escuelas chárter, en promedio, no tienen un mejor desempeño que las escuelas públicas.
  2. El modelo de aprendizaje mixto (blended learning) va de la mano de una menor atención a otras disciplinas que no sean las matemáticas y la alfabetización. Además esta enseñanza es impartida por profesores sin experiencia que se centran en la preparación para exámenes estandarizados.
  3. La construcción de las escuelas y la venta del software utilizado para el aprendizaje en línea de la cadena Rocketship son financiadas con dinero público que termina en la contabilidad de las empresas proveedoras de esta cadena y no en el mejoramiento de la educación de los niños. Además, se sabe poco de la eficacia de ese software y en los casos donde sí se ha documentado su insuficiencia, la empresa Rocketship sigue utilizando el mismo recurso.
  4. Las escuelas públicas son evaluadas de manera distinta a las escuelas chárter, con lo que se crea un desbalance en la evaluación. Esas escuelas, como ya se mencionó, poseen un período de gracia de ocho años antes de ser consideradas ineficientes, sin importar el resultado de las evaluaciones.
  5. Bajo la actual legislación de Milwaukee, escuelas públicas con resultados exitosos tienen prohibido abrir nuevas escuelas, en tanto que el permiso sí se otorga a escuelas chárter.
  6. La última consideración de Lafer se refiere a que una verdadera educación de calidad debe partir de la premisa de que los niños pobres son merecedores de la misma educación que reciben los niños ricos. El patrón que demandan los padres de posición pudiente debe ser el mismo patrón para las escuelas de niños pobres. Siendo así, los estándares de rendición de cuentas también deben ser los mismos, así como también los planes de estudio amplios y no reducidos a los contenidos básicos, los grupos poco numerosos y los profesores experimentados capaces de desarrollar en sus alumnos la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, así como obtener las respuestas correctas en las pruebas estandarizadas.

Ya en las conclusiones, Lafer afirma que los mecanismos de medición del rendimiento escolar no pueden ser ciegos a las diferentes condiciones socioeconómicas de los niños en las escuelas de grupos pudientes y las escuelas de niños pobres; se deben crear mecanismos de medición más finos que consideren estas diferencias; es decir, tasar con distinta medidas dos condiciones sociales que son de suyo diferentes.

Es decir, es la pobreza de los niños y sus familias el mayor de los obstáculos para una mejor educación. Frente a esta realidad, resulta contradictoria la preocupación discursiva de la oficialidad por una educación de calidad cuando son los mismos legisladores los que hacen leyes para recortar los salarios de la población en general y del profesorado en particular y limitan los apoyos sociales a las familias pobres; ninguna escuela puede hacer milagros en estas condiciones. Un segundo elemento es la financiación de la escuela pública; el gasto público destinado a estas escuelas de Milwaukee ha venido decreciendo en relación a la inflación y son los mismos grupos empresariales los interesados en que siga esta misma dinámica del gasto público.

En relación a los contenidos, se debe detener la tendencia a reducir los mismos a la comprensión lectora y las matemáticas, tal y como evalúa la prueba PISA (Program for International Student Assessment); lo que los padres pudientes piden para sus hijos, debe ser lo mismo que se conceda a los niños de clases menos privilegiadas: maestros con experiencia, grupos pequeños, contenidos y espacios propios para el ejercicio de la actividad artística, deportiva y científica. Reducir la educación a lo puramente medible o a aquello que puede ser interpretado por una máquina no permite el desarrollo de los niños, por el contrario, lo empobrece.

El informe de Lafer cierra con la recomendación de ajustar y someter a las mismas reglas a que se somete la escuela pública a las escuelas chárter cuyos fines son de lucro. Esto hará que las escuelas sean medidas por el valor de la educación que ofrecen y no por su capacidad para enriquecer a un grupo de inversionistas o para defender supuestos ideológicos de cualquiera.

Finalmente, Ruth Conniff nos informa de una nota alentadora: Ha surgido un movimiento que se opone a estos afanes privatizadores de la educación; la lucha de los sindicatos de docentes da cuenta de su interés por una educación de calidad, pero también de la visión de un sistema escolar más humano y justo, tal y como ocurrió en la reciente huelga de docentes de Chicago. Los maestros han incorporado a sus demandas laborales las preocupaciones por una mejor educación. Además, un número cada vez mayor de padres de familia se están oponiendo a los exámenes estandarizados y a un modelo que no hace más que actuar en detrimento de la educación.

Referencia del documento de Lafer:

Lafer, G. (2014). Do Poor Kids Deserve Lower-Quality Education Than Rich Kids? Evaluating School Privatization Proposals in Milwaukee, Wisconsin (No. 375) (p. 52). Washington, DC: Economic Policy Institute. Recuperado a partir de http://www.epi.org/publication/school-privatization-milwaukee/