1968:2008 Cuarenta años de luchas por la educación en México*

Alejandro Álvarez Béjar

Marcha de 13 de agosto, sobre Avenida Juárez / © IISUE AHUNAM, Fondo Manuel Gutierrez Paredes, MGP2150

 [Marcha de 13 de agosto, sobre Avenida Juárez / © IISUE AHUNAM, Fondo Manuel Gutierrez Paredes, MGP2150]

 

1968 fue un año de significación mundial, ya que hubo manifestaciones estudiantiles de protesta en Francia, Brasil, Japón, Canadá, Estados Unidos y México. En nuestro país, la lucha estudiantil sorprendió a todos en las principales ciudades, especialmente al Distrito Federal, porque ocurrió justo en la antesala de los Juegos Olímpicos y porque los estudiantes demandaban reparación de brutalidades e injusticias policíacas en contra de alumnos de una preparatoria particular, de la Preparatoria num.3 de la UNAM y de una vocacional del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Sus demandas eran “educativas” sólo en un sentido amplio, pues en realidad buscaban educar a los altos personeros del poder público, exigiéndoles garantías de respeto a los locales y las vidas de los estudiantes universitarios.

Su pliego petitorio pronto se extendió para incluir el repudio a los artículos del Código Penal que castigaban los llamados “delitos de opinión”. Por más de tres meses, los estudiantes no sólo se organizaron en forma democrática e independiente, sino que salieron en forma ordenada y pacífica a manifestarse y a pedir el apoyo de la población para su reclamo de diálogo público.

La respuesta gubernamental fue una escalada de violencia, hasta llegar a la tristemente célebre masacre del 2 de Octubre en Tlatelolco. Esa violencia irracional, sólo se explica por el temor gubernamental a que la lucha estudiantil reventara los mecanismos de control corporativo de las masas que había instrumentado el PRI.

La década de los 70´ trajo la lucha estudiantil y magisterial de regreso a los problemas propiamente educativos. Una segunda oleada represiva culminó en la masacre del 10 de Junio de 1971, perpetrada por el régimen de Luis Echeverría Alvarez, quien inmediatamente después inició un proceso de reforma educativa desde arriba, para poner a las universidades y centros de educación superior al servicio de las necesidades del gran capital.

A lo largo de esa misma década, se vivieron importantes experiencias de auto-gobierno, de cogobierno, de luchas por la autonomía, de transformaciones democráticas de la curricula y de ensayo de novedosos esquemas educativos como el de los CCH´, el de la UAM y el Colegio de Bachilleres. Las luchas democratizadoras alcanzaron a Puebla, Guerrero, Sinaloa, Oaxaca, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Michoacán, central aunque no exclusivamente.

En el conjunto del sector educativo (especialmente en las escuelas primarias y secundarias), comenzaron a desplegarse luchas democratizadoras y contra el charrismo. A principios de los ochenta, casi coincidiendo con el estallido de la crisis de la deuda externa, se formó la CNTE y se desarrollaron esfuerzos sindicales nacionales de coordinación contra las políticas de austeridad.

Esas políticas buscaban, además, transformar las normas de la vida universitaria, especialmente dentro de la UNAM, que es la universidad pública más grande y más importante del país. La centralización de decisiones en manos de la burocracia y los aumentos de productividad, fueron aplicados para someter a la “universidad militante”. Se introdujo el criterio de “hacer simples ejercicios de evaluación” acompañados de topes salariales para los trabajadores, reducción presupuestal general, límites rígidos para el ingreso de los estudiantes en el nivel superior y cargas más grandes para el personal de carrera.

La agenda neoliberal en los ochenta, consiguió logros signifi cativos en la educación superior, al elevar las cuotas estudiantiles en la mayoría de las universidades de provincia, generalizar el cobro por los servicios más elementales y aplicar exámenes estandarizados y cada vez más rígidos. La oferta educativa se amplió pero en opciones educativas con profesores sin definitividad, con contratos laborales inestables, con cargas de trabajo extenuantes y sin organización sindical.

El movimiento estudiantil retornó con enorme fuerza, aunque con carácter defensivo en 1988-89. La formación del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) se defendió con todo frente al proyecto de “Reforma Financiera” de Jorge Carpízo, que pretendía elevar las cuotas, introducir exámenes departamentales, elevar los cobros por servicios y endurecer el sistema de calificaciones.

La tremenda resistencia y la habilidad política mostrada por los estudiantes del CEU, ganando el debate social sobre el futuro del país en base a una educación amplia, gratuita, pública y de alta calidad, así como la defensa de la universidad como una institución cultural clave para el país, acabaron imponiendo como solución negociada para el conflicto, la realización de un Congreso Universitario Democrático, que se llevó a cabo sin conseguir imponer un proyecto diferente.

Bajo el gobierno de Ernesto Zedillo, se desplegó el proyecto de las Universidades Tecnológicas, pensando en desviar la demanda de educación hacia esas opciones. Pero en 1999-2000, poco más de 10 años después del primer intento de reforma financiera en la UNAM, se produjo un segundo asalto neoliberal que provocó una oleada masiva de protestas y una huelga que se extendió por casi un año, hasta que la acción policíaca la rompió y encarcelaron a centenares de estudiantes.

La estrategia neoliberal de ese entonces, intentó romper la solidaridad transgeneracional convenciendo a los estudiantes en activo, que las reformas no los iban a afectar, para que no defendieran a los que vienen detrás.

Y a las viejas reformas financieras de los ochenta, añadieron una intensa campaña de desprestigio de la universidad pública, a través de los medios de comunicación y reivindicando la necesidad de hacer exámenes de admisión, administrados por una entidad privada, el Consejo Nacional de Evaluación (CENEVAL).

Posteriormente, la Coalición Trinacional en Defensa de la Educación Pública ha jugado un papel importante en contra de los exámenes estandarizados del CENEVAL, que han servido sólo para excluir de la educación media-superior a centenares de miles de estudiantes y para estigmatizar a los egresados de las instituciones públicas.

Pero la lucha reciente más significativa ha sido, sin duda, la de la sección 22 del SNTE en Oaxaca, conducida en el contexto general de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, dirigiendo sus baterías contra el gobernador déspota Ulises Ruiz y en defensa de las instituciones de bienestar que nos legó la lucha revolucionaria de 1910-1917.

A cuarenta años de las luchas estudiantiles democratizadoras de 1968, tenemos enfrente un panorama de recortes presupuestales, de evaluaciones rígidas para poder controlar el ingreso de profesores y de estudiantes, un refinamiento de las tácticas represivas contra las fuerzas magisteriales independientes y el despliegue de tendencias generales a la criminalización de los movimientos sociales. Pero la experiencia acumulada sin duda seguirá trazando nuevas rutas de resistencia y consiguiendo avances en defensa de la educación pública.

* Extractos de la conferencia del Dr. en la 8ª Conferencia Trinacional en Defensa de la Educación Pública, celebrada en Los Angeles, California, abril de 2008