La escuela racionalista en México: entre Chuminopolis y Walden Dos

Jaime García Sánchez (1) y Patricia Jáuregui Arias (2)

(1) Centro Interdisciplinario de Investigación y Docencia en Educación Técnica (CIIDET), (2) Secretaría de Educación del Estado de Guanajuato (SEG)

 “--¿Quiere que le asista un confesor?
--No soy católico.
--¿Necesita algún notario?
--No tengo nada que dejar.”

(Felipe Carrillo Puerto antes de su muerte)

20110605-abanderada

Resumen: Como una de las utopías del sector popular, la escuela racionalista surge en México a través de la casa del obrero mundial, en un primer momento, para luego tratar de concretarse en los estados de Yucatán y Tabasco principalmente. La escuela racionalista que, en primera instancia, pareciera contrapuesta con la ideología del Estado, por ser un espacio libre de dogmas religiosos, en la búsqueda del progreso, la libertad y felicidad de los alumnos, a través de medios como la granja, talleres y laboratorios, logra encontrar espacios regionales para su desarrollo. Y lo hace porque tal escuela, muy a pesar de sus ideólogos,  reproducía el modelo capitalista y el esquema de producción que compartía con el Estado y a diferencia de la iglesia, como institución, el trabajo ocupaba el papel de Dios.

Palabras clave: Escuela Racionalista, Francisco Ferrer Guardia, Casa del Obrero Mundial, Felipe Carrillo Puerto, Tomás Garrido Canabal.

Recibido:  Enero de 2013; aceptado para su publicación: diciembre de 2013.

Introducción

El título de este trabajo hace referencia a dos utopías planteadas y desarrolladas en los inicios del siglo veinte en nuestro país. Utopías políticas y educativas que compartían una idea en común: la existencia del libre albedrío en el hombre. Ambas tienen cuando menos en teoría, un fin común: la formación y el crecimiento del hombre en libertad. Pese a tales coincidencias, ambas posturas  son totalmente contrapuestas tanto en los fines que buscaban, como por el contexto en que surgieron y se desarrollaron. Chuminopolis es el bastión escolar más representativo de la escuela racionalista en México. Inspirada en las ideas anarquistas de Francisco Ferrer Guardia. Tal escuela fue considerada por sus creadores como “la mejor escuela del mundo”, donde los alumnos podían y debían de aprender en completa libertad. Ubicada en un contexto postrevolucionario, la escuela racional sucumbió ante una visión educativa abarcartiva y totalitaria de un Estado nacional en consolidación.

Walden Dos, por el contrario, es una proposición que fluctúa entre la ficción, la política y una propuesta técnico-educativa basada en los postulados del neoconductismo. Su creador Burrhus Frederic Skinner se inspiró en el ensayo escrito por Henry David Thoreau intitulado Walden (la vida en el bosque). Thoreau hace una apología de la libertad y de las posibilidades de sobrevivencia y logro de la felicidad del hombre alejado del mundo industrial. Skinner, por su parte, plantea la existencia de una sociedad científicamente diseñada, mediante la aplicación de los principios del conductismo, donde todos los ciudadanos son felices, libres de envidias y temores, el trabajo es reducido al mínimo y el hombre es feliz como parte de un colectivo. La propuesta Skinneriana surge en un contexto de riqueza y auge industrial en el primer mundo. A la postre, ambas utopías fracasarían, de igual manera, sus diferencias no serían tales ni tantas, en realidad se planteaba  un autoritarismo disfrazado, unos en la ideología supuestamente libertaria y otros en la aplicación técnico-científica del control de la conducta humana. A continuación, veremos si en verdad la escuela racionalista buscaba la libertad y la felicidad del hombre tal y como lo planteaban sus postulados.   

El origen de la escuela racionalista

A principios del siglo veinte, a diferencia de otros países europeos donde las revoluciones políticas, como en Francia, o económicas como en Inglaterra, había mermado el poder de la iglesia en torno a los problemas de carácter público. En  España, tal institución mantenía una fuerte influencia política y económica. Tal herencia feudal impactaba directamente en el ámbito educativo. La iglesia había aplicado en la vieja receta impuesta en el nuevo mundo: la imposición de la ignorancia. De este modo, la educación era un negocio acaparado por las instituciones religiosas, un servicio educativo sólo susceptible de ser pagado por las clases pudientes. De este modo:

En 1877 el 72 por ciento de la población española era analfabeta. Después de más de 30 años, en 1910, las cifras hablan del 59 por ciento de analfabetos entre los adultos y del 50 por ciento entre los niños por encima de los 10 años. Solamente países “tercermundistas” como Italia y Portugal compartían unas estadísticas tan reveladoras en cuestiones de alfabetización (García, 2009: 1).

Al igual que en el nuevo mundo, el control eclesiástico tenía como fin evitar el despertar de las conciencias y con ello, la posibilidad de la alteración del orden establecido. Era tal el control político y económico de la iglesia que, por obligación dialéctica, tenían que haber surgido las contrapartes de la balanza. Tal fue el caso de los anarquistas españoles. Inspirados en las ideas libertarias y racionalistas francesas, los anarquistas consideraban que la única forma de combatir el poder eclesiástico era tratando de eliminar los misterios creados por ella misma, mediante la introducción de la racionalidad. De esta forma, pensaban, la racionalidad, podía destruir la irracionalidad de los misterios eclesiásticos.   

De este modo, una vez que la religión entrara en contacto con la razón aquélla estaría herida de muerte y jamás podría recuperarse (García, 2009: 5).

He aquí el origen del odio hacia la iglesia de parte de los anarquistas, he aquí también el origen de la escuela racionalista. El anarquismo toma como estandarte la desaparición de la iglesia pues la ubica como el principio de todos los males de la humanidad. Era un odio cerval que, en su momento, sería retomado en la experiencia mexicana. Este odio llevaría a plantear uno de los principios fundamentales de la escuela racionalista: el monismo. Como ejemplo del rechazo tajante a la iglesia, veamos la alocución de Francisco Ferrer en torno a la  necesidad de la higiene en la educación, otro de los postulados de dicha escuela:

Respecto a la higiene, la suciedad católica domina en España. San Alejo y San Benito Labra son, no los únicos ni los más caracterizados puercos que figuran en la lista de los supuestos habitantes del reino de los cielos, sino uno de los más populares entre los inmundos e innumerables maestros de la porquería (Ferrer, 1978:103).

La escuela, para los anarquistas españoles, es la mejor manera de crear otro mundo donde la iglesia no tenga un lugar en especial. De igual manera, la escuela, era el mejor vehículo para cambiar tanto al hombre como a su sociedad. Resulta sorprendente observar que en ningún momento tanto Ferrer como los ideólogos de la escuela racional en México se plantearan la toma del poder. Tal acción no existe en su vocabulario, su visión se centra en conformar una escuela que sea el medio que, a la larga, permitiría desarrollar mejores hombres y, por consiguiente, una mejor sociedad. Pero la revolución como tal, nunca se plantea, es por decirlo en pocas palabras, un movimiento contestatario y reformista circunscripto al orden social establecido.

Entre los anarquistas, el planteamiento es, en principio, tajante: cada militante debe realizar una “revolución interior”, fundamentalmente intelectual, antes de poder aspirar legítimamente a transformar la sociedad]…[Y sólo cuando, gracias a la cultura, se haya creado un número considerable de seres “conscientes” de sus derechos y liberados personalmente del militarismo, la religión, los vicios y la ignorancia de la sociedad actual, será positiva una acción revolucionaria tendente a derribar las estructuras sociales y sustituirlas por otras en las que esos individuos transformados previamente puedan iniciar la práctica de la liberad  (García, 2009:3).

Los postulados de la escuela racionalista y de los anarquista españoles pueden ser categorizados como ingenuos y románticos ya que aún cuando rompían con algunos eslabones de las cadenas del orden prevaleciente, en realidad su operación lo fortalecía. Su visión aunque contestataria en cierto sentido, y en la práctica, olvidaba la prédica de los padres del anarquismo que veían en el Estado al verdadero enemigo.

Llegamos hoy a la absoluta necesidad de la destrucción de los Estados o, si se prefiere, a su radical y completa transformación en el sentido de que al dejar de ser potencias centralizadas y organizadas de arriba abajo se reorganicen, ya sea mediante la violencia, ya mediante la autoridad de cualquier principio, con una absoluta libertad para todas las partes (Bakunin, 1972: 58).

En tal ingenuidad se ubican algunos aspectos operativos de su proyecto educativo tales como el financiamiento de la propia escuela racional, así como la ideología que subyacía en sus principios y enseñanzas. 

Por cuanto respecta al financiamiento, si bien la escuela racionalista rechazaba a la escuela oficial, también dependía del Estado o de los emolumentos de origen privado. De hecho, la primera escuela deviene de los fondos aportados por la señorita  Meunié  a Ferrer.

Más esta finalidad no puede lograrse sino por la iniciativa privada. Las instituciones históricas, contaminadas con todos los vicios del pasado y las pequeñeces del presente, no pueden llenar esa hermosa función (Ferrer, 1978: 79).

La igualdad, otro de los postulados de la escuela racional, le permite a Ferrer darle sustancia filosófica y económica a su proyecto educativo. De esta manera Ferrer se da a la tarea de tener alumnos de todas las clases sociales.

La coeducación de pobres y ricos que pone en contacto unos con otros en la inocente igualdad de la infancia; por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional, esa es la escuela buena, necesaria y reparadora. A esta idea me atuve logrando tener alumnos de todas las clases sociales para refundirlos en la clase (Ferrer, 1978:98).

Con la consecución de lo antepuesto Ferrer mata, por así decirlo, dos pájaros de un solo tiro pues a la vez que da forma a su proyecto, logra amarrar la financiación del mismo.

Aunque parezca extraño, por ejemplo, una forma de probar ese interés por la igualdad es ver cómo la financiación de la Escuela Moderna corría a cargo, no de los trabajadores, sino de las clases no-trabajadoras: de hecho, la Escuela Moderna dependía fuertemente del apoyo de numerosas familias de las clases no-trabajadoras (García, 2009:13).  

Siguiendo este tenor de ideas, Ferrer inicia la primera escuela racionalista reconociendo su incapacidad pedagógica, luego entonces, aún a su pesar, actúa de la misma manera que lo haría cualquier capitalista en turno tratando de solventar su idea de negocio. Busca contratar y en el mejor de los casos, formar su propio personal docente. 

Hube de pensar en precisarla, hacerla viable, y al efecto, reconociendo mi incompetencia respecto de la técnica pedagógica, pero no confiando demasiado en las tendencias progresivas de los pedagogos titulares (Ferrer, 1978:75).

Ferrer, como sus contemporáneos anarquistas, consideraba que la ciencia y la educación llevarían indefectiblemente a la humanidad al progreso, la libertad y la felicidad. Debemos recordar que nos ubicamos en un contexto de inicio del siglo veinte, en pleno auge de la revolución industrial, de igual manera en el apogeo del fisicalismo en la ciencia tanto material como social, fisicalismo impulsado por las ideas de Augusto Comte. Tal fisicalismo se ve reflejado en el interés por una educación científica signada por los principios de la biología. Son los momentos relumbrantes de las teorías de Spencer y Darwin. Desde esta perspectiva: ¿en realidad los postulados y las propuestas de la escuela racional eran un peligro para el régimen establecido? Nosotros consideramos que no, que en realidad más que un peligro eran un verdadero apoyo. En el caso particular de Ferrer, de no haber sido por su férrea oposición a la iglesia, con toda seguridad su propuesta racionalista habría sobrevivido con él al frente hasta el último de sus días.

Viéndolo en perspectiva, ninguno de los postulados racionalistas entra en contradicción con la ideología capitalista dominante, particularmente con el positivismo comtiano. Ni la libertad, ni el juego libre, ni la educación científica, ni la no evaluación o expedición de certificados o títulos refutaban la esencia misma del modelo capitalista, muy por el contrario, lo reforzaban.

De tal manera, el romanticismo ideológico de Ferrer, lejos de liberar al niño fortalecía las cadenas mentales para, una vez adulto, vigorizar el modo de producción imperante. Así las cosas, veamos un ejemplo en sus propias palabras:

¡Qué grande, qué hermoso, qué útil es el trabajo! Tales exclamaciones brotaban espontaneas de labios de niñas y niños de la Escuela Moderna, en la que alegre campiña de Sabadel, el día 30 de julio próximo pasado, después de haber visitado varias fábricas donde se relacionan afectuosísimamente con obreras y obreros, que acogieron a los infantiles visitantes con amor y respeto, y por último, cuando después del campestre y fraternal banquete, reunidos todos en torno del encargado del resumen de la excursión instructiva, pudieron admirar las consideraciones que la misma se prestaba (Ferrer, 1978:174-175).         

¿En qué momento Ferrer y su escuela critican las condiciones laborales? ¿En qué momento ponen en tela de juicio el esquema de producción capitalista? ¡En ninguno! Se exalta al trabajo como la iglesia exalta a dios.  No hay un leve dejo de crítica al sistema, la escuela racionalista, bajo este tenor de ideas, es igual de reproductiva que la escuela oficial que tanto criticaba Ferrer. Creemos, peor aún, que la escuela racionalista ideologizaba y desprotegía al sujeto, al igual que la iglesia, prometía un reino inexistente. Veamos de nuevo el pensamiento de Ferrer:

En resumen se inauguró la Escuela moderna antes de que la creada biblioteca hubiera producido su primera obra, pero ésta, que se publicó poco después, fue una brillante creación que ejerció una gran influencia sobre la institución reciente; se trata de las Aventuras de Nono, por Juan Grave especie de poema donde se parangona con graciosa ingenuidad y verdad dramática una fase de las delicias futuras con la triste realidad de la sociedad presente, las dulzuras del país de Autonomía con los horrores del reino de Argirocracia (Ferrer, 1978:145).

Todo en nombre de una utopía, utopía similar a la de la iglesia que el mismo Ferrer atacó. Institución que, contradictoriamente, sirvió de base tanto para el surgimiento de la escuela racionalista como para la propia muerte de Ferrer. Más sin embargo, la utopía imaginaria no sería el único legado de la iglesia a la escuela racionalista, parte de su esquema de operación; las misiones, serían la otra.

Primer intento: la escuela racionalista en el centro del poder

Las propuestas educativas de Francisco Ferrer fueron retomadas en el México revolucionario y postrevolucionario por los anarquistas, básicamente aglutinados inicialmente en el Partido Liberal Mexicano (PLM) comandado por Ricardo Flores Magón. 

Ideólogo de una incipiente clase obrera, Flores Magón difundió, sobre todo en los ámbitos urbanos, las ideas anarquistas, dentro de las mismas, la educación se ubicaba como una verdadera necesidad a ser cubierta por el Estado. Pese a lo anterior, y en la vorágine revolucionaria, no existía espacio para concretar un proyecto educativo nacional. Fue en un reducto de las ideas magonistas y anarquistas donde se plantea el surgimiento de lo que sería la escuela de los trabajadores: la casa del obrero mundial. Los mundiales, como en su momento se les conoció, retomaron la idea de Ferrer en torno a la escuela racionalista.

Desde 1911, y aprovechando el desorden político derivado de la Revolución que impedía sostener una política educativa estatal, los trabajadores organizados de la capital plantearon su propio programa escolar (Ribera, 2009:274).

Aún cuando los mundiales trazaron el desarrollo de la primera escuela racionalista en la capital del país, en realidad diversas circunstancias, cual más de ellas azarosas como por mal calculo, no permitieron el logro cuando menos total de dicho objetivo.

Uno de los errores estratégicos de los mundiales fue el haberse aliado, literalmente, con el constitucionalismo promovido por Venustiano Carranza.  El carrancismo, bajo la presión del ejército suriano (comandado por Emiliano Zapata), exige una definición de los mundiales, mismos que optan por una alianza con Carranza y crean los batallones rojos.  

El avance de los ejércitos campesinos con su recién organizado gobierno hacia la capital obligó a los “mundiales” a definirse políticamente. La Casa, como organización, optó por el constitucionalismo que desde hacía tiempo la cortejaba. La alianza se consolidó en el Pacto en el que a cambio de ayuda militar a través de los “Batallones Rojos”, los trabajadores obtenían la posibilidad de hacer labor de propaganda y organización por todo el país (Ribera, 2009:278).

El error estratégico de los mundiales se convirtió en táctico al ignorar la esencia misma del pensamiento carrancista. Especularon que lo pactado sería en principio respetado y de gran duración es decir: un craso error.

Una vez derrotados los ejércitos campesinos la Casa del Obrero Mundial se instaló en Motolinía 9 en agosto de 1915. Al reanudar sus labores tenía varios proyectos: fundar un “Ateneo Obrero”, instalar la Escuela Racionalista, reorganizar la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal e integrar una Confederación Nacional con la idea de sumarla al movimiento obrero internacional (Ribera, 2009:278).

Dentro de los aspectos azarosos que obstruyeron el inicio de la escuela racionalista en el corazón del país se ubica la controvertida figura de Juan Francisco Moncaleano, un anarquista colombiano avecindado en México. Moncaleano, de acuerdo con los mundiales, era el hombre ideal para implementar y dirigir la nueva escuela. Él era un admirador y estudioso de las ideas de Ferrer, sin embargo, el azar juega, en cierto sentido, en contra para los mundiales cuando tal personaje es expulsado del país. Ante tal eventualidad, los mundiales echan mano de sus propias fuerzas:

Para poder poner en marcha la Escuela se requería de la presencia en la capital de Jacinto Huitrón que se encontraba en Orizaba. Huitrón era, de los miembros de la Casa, el más avezado en el funcionamiento de la escuela racionalista y por ello se le envió una carta en la que el Comité Central de Propaganda le pedía, el 29 de septiembre de 1915, que regresara a la ciudad de México porque había sido nombrado inspector y organizador de la escuela moderna. El miércoles 13 de octubre la C.O.M. inauguró en su domicilio de la calle de motolinía el ateneo obrero y abrió, finalmente, la primera escuela racionalista en México (Ribera, 2009:278).

Dentro de la lógica del pensamiento de Ferrer, pero en un contexto más agresivo, inestable y peligroso, la escuela racionalista representaba para los anarquistas mexicanos la posibilidad de la liberación como clase. La utopía ferreriana había prendido muy dentro de la ideología anarcosindicalista mexicana. En realidad, la existencia del ateneo obrero fue bastante efímera, la idea de Ferrer más bien se aplicó en función de la difusión ideológica que formativa, pero teniendo como eje central a los adultos.

El error estratégico de los mundiales se hiso presente cuando, por supuesto, una vez establecido en el gobierno, Carranza pide la disolución de los batallones rojos, en ese instante, el proyecto educativo y político de los mundiales queda a la deriva. De hecho, el interés de Carranza es disolver cualquier vestigio sindicalista al ordenar una persecución en todo el país de los seguidores de la Casa del Obrero Mundial.

El 1 de febrero el general González ordenó a sus tropas cerrar la sede de la Casa de los Azulejos y arrestar a todos los que se encontraran en el local. Esta clausura violenta no tomó en consideración ni a los niños de la Escuela Racionalista. La escuela de la Casa del Obrero Mundial tuvo así una intensa pero muy corta vida  (Ribera, 2009:280).

Una de las apuestas propagandísticas derivadas del actuar de los batallones rojos en el país era la promulgación de la educación racionalista. Tales propuestas logran tener eco en algunos estados particularmente del sureste mexicano. El desarrollo de las mismas, como veremos a continuación, no se encuentran exentas de las influencias de un contexto social y económico signado por la lucha por el poder en el México postrevolucionario.

Segundo intento: la diáspora en las galias mexicanas

Para entender la implantación de la escuela racionalista en algunos estados del sureste mexicano, particularmente Yucatán, Tabasco y Veracruz, es significativo recrear con ojos críticos, el entorno en el cual se da su surgimiento y, en cierta medida, la tolerancia para su operación. Ello nos permitirá, a su vez, validar la afirmación efectuada al inicio del presente artículo de que la escuela racionalista nunca fue un peligro para el régimen capitalista.

Tras el triunfo de los ejércitos del sur y la división del norte comandados por Emiliano Zapata y Francisco Villa respectivamente, el régimen carrancista inició   su fin. El gobierno provisional designado, en la convención de Aguascalientes, por los representantes de ambos caudillos recayó en el general Eulalio Gutiérrez. Tal hecho no tendría significancia, para los efectos que nos ocupan, si no hubiera sido por que Eulalio Gutiérrez nombra a José Vasconcelos como Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. De hecho, Vasconcelos continúa trabajando en el ámbito educativo aún después del gobierno de Gutiérrez, esto es, durante el mandato de Roque González Garza. Aun cuando en tales tiempos, por las condiciones vertiginosas y cambiantes del entorno político, Vasconcelos no logra poner en práctica su proyecto educativo, tales hechos, serían posteriormente  significativos para la existencia de la escuela racionalista en nuestro país.

Si bien la política del carrancismo no comulgaba con la visión de los mundialistas, es importante reconocer que la simiente de la escuela racional surgió precisamente bajo su mandato y fue en cierta medida alentada por personajes que por órdenes expresas del mismo Carranza ocuparon mandatos clave en el sureste mexicano. Tales personajes, por su trayectoria y orientación ideológica, fincaron las bases para el surgimiento y desarrollo de la escuela racional en México como veremos a continuación.

Es importante indicar que el sureste mexicano fue poco afectado por las convulsiones revolucionarias, mismas que transcurrían básicamente tanto en el norte como el centro del país. Las estructuras sociales de los estados sureños seguían intactas. Los grandes hacendados continuaban manteniendo el poder, no sin ciertas pugnas locales, en tal contexto, en marzo de 1915 por órdenes tácitas de Venustiano Carranza llega al Estado de Yucatán el general Salvador Alvarado para hacerse cargo del gobierno

 

En sí mismo este hecho no revestiría mayor trascendencia si no fuera por las siguientes circunstancias:

  • El sureste no había sido prácticamente tocado por el conflicto armado
  • Alvarado había militado en el Partido Liberal Mexicano y, según sus biógrafos, tenía al socialismo utópico como influencia; había leído a Saint Simón, Owen, Darwin y Spencer, entre otros.
  • Estableció en Yucatán la Casa del Obrero Mundial y fundó en 1916 el Partido Socialista del Sureste (organismo político que llevaría a la gubernatura a Felipe Carrillo Puerto en 1922), e intentó realizar el reparto de tierras, lo cual le fue impedido por Venustiano Carranza, quien consideraba dichas reformas demasiado radicales (Martínez, 1994: 10).        

Este hecho aunado a la diáspora previamente esparcida por los integrantes de los batallones rojos finca las bases para el surgimiento de la escuela racionalista. Con una visión social propia, Alvarado da gran impulso a las obras de carácter social, particularmente la educación.

Entre los puntos más relevantes en materia de educación ocurridos en el Estado de Yucatán durante la etapa revolucionaria están: la creación, durante el gobierno del militar constitucionalista Salvador Alvarado (1915–1918), de 1.000 escuelas estatales; 600 bibliotecas a través de la recién creada Dirección General de Bibliotecas; diversas instituciones culturales como el Ateneo Peninsular, en el que se impartían clases de dibujo, pintura y grabado; los lineamientos de la llamada educación racionalista basada en los postulados pedagógicos del anarquista español Francisco Ferrer Guardia (Almazán, 2005: 205).

De igual manera, durante la gubernatura de Salvador Alvarado se organizó el primer congreso pedagógico del estado en el que se debatieron las propuestas del anarquista español. En el mismo, participaron propagandistas de la casa del obrero mundial, delineando los postulados de la escuela racional. Cabe decir que uno de los personajes que llevó la voz cantante en tal congreso fue el profesor José de la Luz Mena autor de uno de los libros emblemáticos de la educación racionalista: “De las tablillas de lodo a las ecuaciones de primer grado”.

Algunas de las conclusiones más significativas del congreso pedagógico celebrado en la ciudad de Mérida en 1915 son las siguientes:

  • Las escuelas primarias del estado deben tener como concepto primario la libertad
  • Para que tal libertad sea efectiva, el niño debe tener resueltas sus necesidades básicas
  • Los medios normales que favorecen el aprendizaje son la granja, el taller y los laboratorios

Bajo el cobijo político del General Salvador Alvarado, Felipe Carrillo Puerto Organiza el Partido Socialista del Sureste, del cual fue dirigente a partir de 1917. Carrillo Puerto abraza las ideas Ferrerianas, de tal manera que pasan a formar parte de la propuesta ideológica de su partido. Ya durante su gobierno, apoya férreamente la educación racionalista y el avance educativo en el Estado.

Era esta etapa dirigida por el gobierno estatal de Felipe Carrillo Puerto-socialista (1922–1924)-; y durante ella, se desarrollaron en Yucatán, entre otras instituciones: 1.200 escuelas rurales; el Ateneo Peninsular se amplió hacia el desarrollo de artistas, literatos y científicos; la Escuela Popular del Arte; la Academia de la Lengua Maya; y el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán; de igual modo se impulsó el estudio de la cultura maya y se fomentó la educación popular, cultural y artística; se promulgó la Ley de Instrucción de las Escuelas Racionalistas; y se reformó la enseñanza normal (Almazán, 2005: 206).

Si bien Carrillo Puerto, a su arribo al poder, despliega una serie de políticas sociales que se topaban de frente con los intereses de la llamada “casta divina” y que, por su orientación socialista, contrastaba con la política establecida por el general Álvaro Obregón en el país, se puede cuestionar si ¿su actuación no se encontraba dentro de la lógica del poder obregonista?  Consideramos que  no es así, Carrillo Puerto se hallaba bajo el protectorado obregonista. De hecho, el origen de su muerte se ubica precisamente en su apoyo al general Plutarco Elías Calles, candidato propuesto a la presidencia de la república por Obregón. Candidato que, de manera local, no era apoyado por los hacendados yucatecos quienes se habían alineado con Adolfo de la Huerta.

En 1923, don Adolfo de la Huerta se había levantado en armas en respuesta a la designación del General Plutarco Elías Calles como sucesor de Obregón. En enero de 1924 en la secuela de esa rebelión, Carrillo Puerto fue asesinado. Los planes educativos impulsados por su gobierno de hecho se interrumpieron en Yucatán para desplazarse a otros lugares. Hubo entonces intentos de aplicación en los estados de Morelos y Tamaulipas, pero fueron los estados de Veracruz y Tabasco los que tomaron el relevo de la escuela racionalista. Fue particularmente en este último estado el espacio en el cual se movería con más eficiencia la nueva pedagogía (Martínez, 1986:17).   

Como ya se dijo, con la muerte de Carrillo Puerto el destino de la escuela racionalista queda en manos de un hombre no menos sorprendente que Carrillo: Tomás Garrido Canabal. Antes de describir lo que Canabal efectuó por la escuela racionalista, es pertinente, consideramos, describir brevemente su ascensión al poder. Tal descripción permitirá concretar la tesis de que la educación racionalista en ningún momento fue obstáculo o peligro no sólo para el régimen y el modo de producción en general, tampoco en lo particular en función de la política educativa desplegada por el obregonismo y comandada por José Vasconcelos.  Veamos, a continuación, la descripción que del ascenso de Tomás Garrido hace Carlos Martínez Assad (2006).

No resulta fácil entender cómo el licenciado Tomás Garrido Canabal fue encumbrado en el poder político formal en Tabasco ni cómo adquirió la fuerza que le permitió rebasar a los combatientes revolucionarios, quienes primero habían tomado las armas contra Porfirio Díaz y después contra el usurpador Victoriano Huerta. Entenderlo resulta más complejo si se considera que tuvo que hacer a un lado al prestigiado general José Domingo Ramírez Garrido, su primo hermano y, además, subsecretario de Gobierno del general Francisco J. Mújica y secretario de Carlos Greene (Martínez, 2006:159).

Cuando el general José Domingo Ramírez Garrido decide lanzar su candidatura por el Partido Radical Demócrata Social Tabasqueño en un intento por desbancar a su primo Tomás Garrido, se presentan una serie de sucesos no todo claros que hacen que Álvaro Obregón se incline definitivamente por Tomás. Vía telegráfica le recrimina al general Domingo su supuesta participación intelectual en la desaparición de opositores a su candidatura y partido. De acuerdo con Martínez Assad (2006), tal es el momento en el que se da el rompimiento, inclinándose la balanza del poder obregonista hacia Tomás Garrido Canabal.

Para el día siguiente, Obregón  era más claro respecto de la persona por la cual había tomado partido, al telegrafiarle: “deploro ligereza está usted usando para juzgar casos tan delicados y para descargar a sus partidarios que sobre ellos pesan por estos crímenes que rechazan la civilización y la moral (Martínez, 2006: 161-162).

Tales palabras que, tratándose de alguien como Álvaro Obregón, resultaban más que una advertencia: eran una amenaza. De esta forma, el camino para la gubernatura de Tabasco estaba abierto para Tomás Garrido Canabal.

De forma similar a lo acontecido en el cercano Estado de Yucatán, la escuela racionalista salvó su existencia gracias a una decisión expresa de Carranza; mandar como gobernador al general Francisco J. Mújica. Mújica quien tendría un papel destacado en el gobierno del general Lázaro Cárdenas, al igual que el general Alvarado,  tenía de origen ideas sumamente liberales lo que permitió, de igual manera, sentar las bases del desarrollo más profundo y radical de la escuela racional.

Igual que Alvarado en Yucatán, el general Francisco J. Mújica llegó a Tabasco comisionado por Carranza para hacerse cargo del gobierno interino en 1914, cargo en el que permaneció hasta 1916. Ambos generales, junto con el veracruzano Adalberto Tejeda, representaron el ala radical de la revolución  y se distinguieron de manera particular por su posición anticlerical (Martínez, 2006: 14).

Al igual que el general Alvarado, Mujica dio inicio a un gobierno de corte liberal signado por el interés social. También instruyó un reparto de tierras, acción que fue censurada por Carranza. Igualmente desarrolló una intensa campaña de desfanatización. Campaña que llegaría a los extremos con el ascenso de Tomas Garrido Canabal a la gubernatura.

Para Garrido la escuela racionalista no representaba un misterio ya que, con anterioridad, aún cuando por breve periodo (mayo a junio de 1920), fungió como gobernador provisional de Yucatán donde pudo establecer nexos con algunos socialistas locales partidarios de dicha educación.

Canabal, quien dirigió el Estado en dos ocasiones, signó su actuación por un anticlericalismo radical, puso énfasis en la educación y la erradicación de los vicios dentro de la población.

Con un plan pedagógico ensayado previamente en Yucatán e inspirado en el anarquismo libertario catalán de acuerdo con las enseñanzas de Francisco Ferrer Guardia, la nueva escuela se propuso dar una explicación científica del universo y del hombre para sustituir lo que previamente sólo se explicaba por causas sobrenaturales. Entre 1925 y 1926 se iniciaron las escuelas racionalistas eminentemente prácticas y técnicas. Dentro del mismo plan estaban incluidas la escuela productiva, las escuelas al aire libre y las escuelas-granja, destinadas a preparar a la juventud para dar servicio a la colectividad y mejorar los conocimientos de los maestros en cuanto a la enseñanza práctica de la agricultura, la ganadería y las actividades industriales  (Martínez, 2006, p.p. 175-176).

El anticlericalismo de Canabal lo llevó al exceso de instalar en la antigua catedral de Tabasco la Escuela Racionalista Francisco Ferrer Guardia. En 1929 publicó un folleto titulado ABC socialista para uso de los niños campesinos. En él  se exaltaba el valor del trabajo, la no existencia de clases sociales y el fin de la explotación hacia el proletariado. Se exaltaba, de igual manera, la libertad, el rechazo a los dogmas, al intelectualismo y el autoritarismo.

En otra entidad, Veracruz, aun cuando de forma poco consistente también se intentó el experimento educativo racionalista, el gobernador Adalberto Tejeda (1920-1924), en un caso muy similar al de Yucatán y Tabasco se encargó de impulsar la escuela racionalista. Curiosamente tal trío de gobernadores formaban parte del ala popular de la aún no totalmente concluida revolución. Fueron ellos los que, en cierta manera, fincaron las bases y sobre todo fueron permisivos para que tal enfoque educativo e ideológico prendiera en sus entidades.

El gobierno de Tejeda publicó el libro del profesor Carlos Méndez Alcalde (1921) La escuela racional; en él se planteó como objetivo de la escuela formar hombres libres y no mal educar como la que entonces existía, acabar con su disciplina militar en la que la fuerza y el autoritarismo, no la libertad, eran la base de la convivencia en las escuelas (Navas, 2009:5).

La educación racionalista nunca entro en conflicto directo con el proyecto educativo del gobierno central. De alguna manera supo evadir las presiones, eludiendo, hasta cierto punto, el diseño vasconcelista. Éste aún cuando trató de intervenir, no quiso  frenar su desarrollo. Al ocaso de los gobiernos que le dieron impulso, el experimento racionalista se difuminó. Aún cuando se intentó su aplicación a nivel nacional, tales tentativas fracasaron. De hecho, los mismos obreros que le dieron impulso, posteriormente y en distinto tiempo fueron quienes signaron su fin.

El ocaso de la escuela racionalista

La muerte de la escuela racionalista se dio por inanición y por no poder generar una fuerza lo suficientemente poderosa para influir en la toma de decisiones, en el ámbito educativo, a nivel central. Aún cuando trataron de intervenir para que constitucionalmente se estableciera que la educación en México debiera ser racionalista, su fuerza no fue determinante para lograrlo:

Se les escapaba que la educación de contenidos regionalistas que impulsaban perdía toda su eficacia al intentar convertirla en proyecto del Estado central al que tanto criticaron, precisamente por su vocación centralizadora  (Martínez, 2006, p.p. 174-193).

Ante el ocaso de los gobiernos de Carrillo Puerto, Garrido Canabal y en cierta medida de Tejeda, el proyecto racionalista quedó al garete. El fin último del gobierno de Álvaro Obregón era tratar de enfriar los ánimos revolucionarios, instaurar un gobierno institucional donde persistiera una visión abarcativa del ser nacional. En tal sentido, apoya los esfuerzos de su ministro de educación; José Vasconcelos. Vasconcelos implementa una egida educativa bajo tal óptica. Su interés se centró en la unificación cultural y educativa del maltrecho Estado nacional. En tal sentido, implementó políticas educativas que trataban de unificar y alentar el desarrollo educativo de toda la población. Su apuesta era nacional por lo que no cabía espacio para los resplandores locales. En tal circunstancia, la propuesta racionalista no pudo prosperar. De hecho, contradictoriamente, fueron los propios obreros quienes dieron fin a la escuela racional.

La V convención de la CROM, que se efectuó en Guadalajara, Jal., en 1923, declaró insuficiente a la escuela racionalista, para satisfacer las aspiraciones del proletariado. En la VI convención de la CROM, celebrada en Ciudad Juárez, Chih., en noviembre de 1924, se rechazó la escuela racionalista (Niebla, 1985:22).

De tal manera, el proyecto de la educación nacionalista no prosperó aún cuando, quizá en un lance desesperado, la legislatura tabasqueña en 1930 intentó, mediante el envío de una misiva al Congreso Nacional, buscar que la educación racionalista se elevara a un nivel constitucional, sin embargo, su suerte estaba echada. 

Conclusiones

La simiente, y posterior desarrollo de la escuela racionalista desde la perspectiva histórica, no pudo haberse logrado sin pensar, quizá, en el azar. De no haber sido por las características particulares de los gobernantes que establecieron las bases para su surgimiento o que bien la impulsaron originalmente, tal propuesta educativa no habría cimentado en nuestro país.

Es posible, a manera de especulación, que la propia forma de ser de Venustiano Carranza hubiera propiciado, involuntariamente, su surgimiento. En un coctel donde los revolucionarios convivían por así decirlo entre tirios y troyanos, Carranza, en un intento de unión, invariablemente procuraba deshacerse o, en el mejor se los casos, enviar lejos a quienes consideraba poco propios con su manera de pensar. El caso más emblemático, tal vez, se encuentra representado por el general Felipe Ángeles que se encuadra en la división del norte a cargo de Francisco Villa. En tal tenor de ideas, se ubica la designación o envío de generales al sureste mexicano que, con un carácter e ideas progresistas,  permitieron dentro del caos posrevolucionario, la germinación de ideas que, no necesariamente, comulgaban con el poder central.

Con el advenimiento de Álvaro Obregón al poder, su preocupación fue la estabilización y un intento serio de configurar un Estado nacional. Dentro de ello, no cabían regionalismos ni intereses particulares. Independientemente de las formas, que algunas de ellas realmente eran delincuenciales, Obregón buscaba la unificación y la tranquilidad de un país herido. En tal tenor de ideas, tolera y apoya un proyecto educativo que, como el de Vasconcelos, no se detiene en pensar en minucias regionales sino que busca la unión nacional. En tal sentido, podemos ver a la educación racionalista en nuestro país como una más de las utopías intentadas por el sector popular que participó en el proceso revolucionario. Fue un intento de imponer un esquema educativo impulsado desde abajo. Como muchos otros intentos fracasó ante la imposición de las políticas centrales dictadas por el bando ganador cuyo interés se fincaba en consolidar al estado nacional, por lo que las propuestas regionales no eran de su interés.

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